Adopción:
Las barreras que frustran el anhelo de una familia
Una intrincada mezcla de procesos humanos y judiciales impide que muchos niños que viven en hogares de menores puedan ser adoptados
Yo quiero una familia que me dé cariño", dice Víctor González, de 14 años, quien desde hace doce ha vivido internado en el Centro de Protección de Menores de Quinta de Tilcoco (VI Región). Hasta allá llegó desnutrido y enfermo, proveniente de otro hogar de menores. Traía una historia de familia desestructurada, en condiciones de extrema pobreza, con una madre abandonada y viviendo de allegada en absoluto hacinamiento.
"Se apoyó a la mamá con psicólogo y asistente social para que superara su situación y el niño pudiera egresar con ella, pero no fue permeable, no respondió al tratamiento y se resistió a hacerse cargo. Aun así se opuso a que fuera dado en adopción", explica Jaime Arriagada, asistente social del Centro de Protección. También se contactó a la abuela para que, con apoyo material de la institución, recibiera al niño, pero se negó. A fines de 2001 la madre afirmó que retiraría a Víctor, pero aunque él la esperó con la maleta lista, ella no apareció.
El caso de este adolescente salió a la luz hace algunas semanas cuando un reportaje de TVN informó que él mismo había pedido al juez que lo declarara susceptible de ser adoptado, pese a la oposición de su madre. Sin embargo, el juez dictaminó que el menor debía permanecer en el hogar hasta que la madre arregle su precaria vivienda, para luego ir a vivir con ella.
"Yo no quiero irme con ella porque no la quiero; quiero una familia que me dé cariño. El juez me preguntó quién me había metido esas cosas en la cabeza...", dice Raúl. Y continúa: "Ella me dejó en un hogar y he estado siempre abandonado. Siento hartas cosas, pero la principal es rabia".
La historia de Raúl podría repetirse con muchos rostros.
Un total de 16000 niños esperan
Un total de 16 mil niños viven en Chile bajo el sistema de protección de menores, ya sea en hogares residenciales, masivos o sistemas de colocación (es decir, con una familia temporal). De ellos, 900 reúnen características para ser declarados susceptibles de adopción. Sin embargo, esta aspiración en muchos casos choca con las barreras que impone la realidad.
Correa transportadora
Hasta antes de la promulgación de la nueva ley de adopción, en 1999, un niño debía pasar dos años sin ser visitado por su familia biológica para ser declarado en abandono. El nuevo cuerpo legal estableció plazos más perentorios: 45 días para las guaguas menores de 6 meses, tres meses en los menores de 2 años, y seis meses si superan esa edad.
Cumplidos estos plazos, la institución que tiene a cargo la protección del pequeño puede iniciar los trámites para solicitar al tribunal que lo declare susceptible de adopción, presentando los antecedentes que así lo ameritan.
Sin embargo, según explica la jefa de la unidad de adopción del Servicio Nacional de Menores (Sename), , no es poco habitual que las familias aparezcan para la visita el día anterior al vencimiento del plazo y que con ello sea imposible iniciar el proceso.
Convención Internacional
El problema es complejo. El Sename y las instituciones que acogen a los niños tienen claro que deben protegerlos y que un hogar de menores no es el mejor lugar para que éste crezca y se desarrolle, pero la Convención Internacional de los Derechos del Niño reconoce como derecho de éstos el permanecer con sus padres, de ahí que eso se intente como primera medida.
"Partimos de la base que las familias son recuperables, que están viviendo crisis o situaciones difíciles, a veces históricas e incluso transgeneracionales. Entonces los niños entran a un sistema de protección
- esperando que sea en forma transitoria- y se trabaja con las familias para que se recompongan como estructura", explica un profesional a cargo del área social de la Sociedad Protectora de la Infancia.
En ese trabajo se estudia el grado de vínculo entre el niño y la familia de origen y se hace un pronóstico de la posibilidad que tiene ésta de recomponerse. "Se analiza si conviene más reinsertarlo en su familia y trabajar esos vínculos o si por la edad y los antecedentes sociales y sicológicos sería mejor una futura adopción, para lo cual se debe iniciar un proceso de inhabilitación de la familia".
Es en este punto donde las organizaciones se encuentran con dificultades y matices, porque no sólo se trata de una cuestión tan delicada como decirle a una mujer que no puede ser madre de su hijo, sino de comprobar esto ante un tribunal, a lo que éstas suelen oponerse tenazmente.
"Hay una tarea muy importante en la educación de las familias biológicas, en transmitirles que ser padres implica derechos, pero también obligaciones", declara la directora ejecutiva de la Fundación Chilena de la Adopción.
Pero por otra parte, son muchos los casos en que aun en las peores situaciones de mendicidad, el padre o la madre del niño han tratado de ser familia, pero no han podido concretarlo en un beneficio directo para el menor. "Hay que intentar hacer el cruce correcto entre los derechos de los padres y el bien superior del niño, y evitar que el sistema se transforme en una correa transportadora que lo lleve de un hogar a otro",
El problema es que en la necesidad de hacer este cruce y cumplir la ley, los niños esperan. Es el caso de Ayleen, una pequeña de dos años y cuatro meses que ingresó al Hogar de Cristo y lleva más de un año esperando la resolución del tribunal. O el de Luis (6 años) y Francisco (4), hijos de padres drogadictos y alcohólicos, cuyas causas demoraron más de un año hasta que se los declarara susceptibles de ser adoptados.
Recursos
En la Región Metropolitana, el Sename cuenta con sólo tres abogados para tramitar los casos con susceptibilidad de adopción.
Contra el tiempo
La jefa de adopción del Sename, Raquel Morales, subraya la necesidad de mejorar los tiempos en que se resuelve si un niño vuelve con su familia o es declarado susceptible de ser adoptado. Mientras más tiempo pase en un sistema alternativo a su familia, más difícil será que recupere los vínculos con ella. Y paralelamente, disminuyen las posibilidades de adopción.
El éxito de una campaña
Cumplidos los cuatro años, prácticamente no tiene posibilidad de encontrar una familia chilena. Y mientras más pasa el tiempo, la opción de potenciales padres extranjeros también disminuye. "Es más difícil, no por falta de voluntad de los matrimonios, sino porque la posibilidad de generar un vínculo disminuye". Aun así, se han hecho esfuerzos para insertar a menores de más de cuatro años. Una campaña lanzada el año pasado permitió que 59 niños que superaban esa edad pasaran a formar parte de familias chilenas.f: El Mercurio
Dr Barrreda