El dilema de ser padre y proveedor a la vez
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Hoy, si a nuestros hijos les va mal en el colegio, el responsable es el
padre trabajólico y metalizado que está ausente. Si uno no va a buscarlos a
las cuatro de la mañana a una fiesta es un papá desnaturalizado y si va, a
la mañana siguiente debe estar listo para jugar tenis porque tiene que estar
saludable para poder generar. Uno tiene que estar en todas.
Es que la vida moderna no sólo ha exigido a las mujeres cumplir una
duplicidad de roles - madre y profesional- , sino que también demanda a los
hombres involucrarse en la crianza de los hijos y las tareas domésticas, sin
descuidar el sustento familiar. Muchos consideran que estos dos mandatos
sociales son irreconciliables y se preguntan cómo armonizarlos.
El rol de proveedor y de padre son incompatibles en el ciento por ciento: un
progenitor para asegurarle condiciones mínimas de vida a sus hijos necesita
salir a trabajar y, por lo tanto, es imposible que esté en la casa siempre
que lo necesitan.
Sobre todo bajo las circunstancias económicas actuales, en que la sensación
de precariedad laboral mueve a los adultos a sacar el máximo de provecho a
sus trabajos mientras los tienen, porque no saben cuánto les durará.
Manejar las culpas

Antes la clase media tenía varios subsidios. Así nuestros padres tuvieron su
casa propia y no pagaron por universidad. Los padres de hoy, en cambio, nos
ganamos con gran esfuerzo cada peso para mantener a nuestras familias y
pobre de aquel que además no esté siempre listo para escuchar a sus hijos.
Así uno vive con una sensación de culpa constante.
Sin embargo, es posible manejar la tensión entre empleo y familia para que
la paternidad deje de provocar angustia y se convierta en una fuente de
satisfacción. Para esto lo primero es tener claro que es imposible cumplir
en los dos ámbitos perfectamente y, por ende, la meta es ser un padre lo
suficientemente bueno.
También ayuda saber que es normal sentir culpas y que éstas incluso son
positivas porque motivan a hacer cambios. Es bueno que los hombres
reconozcan estos sentimientos, así cuando se sienten sobrepasados puedan
pedir ayuda. Cuando un padre pide consejos a su mujer de cómo cumplir mejor
su papel, éste no sólo adquiere las herramientas necesarias, sino que ella
se siente valorada y todo eso redunda en el bienestar de los hijos. A su
vez, es útil hablar con los pares, pues su experiencia puede ser buena
consejera.
Se cree que por naturaleza el hombre no tiene tan internalizado el cuidado de
los hijos como la madre, y por eso a veces no sabe cómo ayudar en la casa y
se
queda de espectador o se centra mucho en
sí mismo y se olvidan sus tareas
domésticas.
Otra recomendación es trabajar siempre con un sentido, en vez de encender el
piloto automático y quedarse horas en la oficina. Esto quiere decir saber
para qué se trabaja, una decisión en que es recomendable incorporar a la
pareja y a los hijos. Si un padre elige trabajar horas extras para poder
remodelar la pieza de sus niños, por ejemplo, es bueno que éstos sepan el
costo alternativo que tiene y opten entre una habitación propia o ver más
horas al papá.
Decisión familiar

Muchas veces infantilizamos a nuestros hijos, pero hay que confiar en su
entendimiento y darles la posibilidad de participar en las decisiones del
hogar,
Dado el agitado mundo en que vivimos, hoy más que nunca es necesario que los
menores sepan el precio material y humano que tiene lograr cualquier cosa.
Esto no significa traspasarles responsabilidades adultas, sino motivarlos a
que ayuden dentro de sus posibilidades para que sus padres tengan más tiempo
libre para estar con ellos.
De ser así, la paternidad no sólo implica un apoyo para la madre y cuidado
para el hijo, sino beneficios para el propio hombre: le da sentido a su
proyecto de vida, o hace poner los pies en la Tierra y reducir conductas de
riesgo. Es increíble la sensación de que sus niños
le esperan del trabajo
porque saben que con el papá suben cerros o salen a andar en bicicleta y no
porque les lleva cosas materiales.
Incentivo a la paternidad
El esfuerzo de los hombres por asumir un doble rol es insuficiente si no se
establecen políticas públicas que incentiven la paternidad. Es necesario
flexibilizar los horarios de trabajo y establecer el
ventajas ,
como ocurre en Suecia. d
También es importante que los propios empleados hagan ver a sus empresas que
primero son padres y que si están tranquilos como tales rendirán mejor
laboralmente. No creo que una hora más de trabajo diario implique grandes
mejoras económicas, pero sí que hay padres que no quieren llegar a sus casas
por distintos problemas. Depende de uno querer o no estar con sus hijos. Por
eso evitar irse más allá de las siete y vivir cerca de
su oficina para no
perder tiempo en desplazamientos,
Un rol gradual
Siempre es vital la presencia del padre, pero cambian las formas. De 0 a 3
años, el hijo necesita protección y el rol del hombre es apoyar la
maternidad. El vínculo que se forma aquí es la base para su relación futura.
A partir de los 4 el menor se conecta con el mundo público y la función del
padre es ser nexo entre éste y la casa para que aprenda a socializar. Es
bueno que el papá conozca el ambiente en que se desenvuelve el hijo y
participe en él.
Llegada la adolescencia es fundamental que exista una buena comunicación y
confianza entre padre e hijo. Es recomendable que el adulto sea democrático
para poner límites, porque una característica del adolescente es querer
resolver las cosas por sí mismo. También es necesario respetar su
privacidad, pero al mismo tiempo estar listo para acompañarlo.
Para abordar estas etapas es útil que el padre reflexione sobre su
experiencia como hijo y evalúe las conductas positivas de su propio
progenitor, así como aquellas que no quiere repetir.
Edición Dr Pedro Barreda