Bendita Siesta

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En tan solo un año, los hábitos de sueño de los niños cambian notablemente. Los primeros meses se pasaban gran parte del día y de la noche durmiendo (bueno, de algunos bebes no se puede decir tanto, la verdad); en cambio, ahora, su pauta parece mas madura: descansan menos por la noche y, durante el día, cada vez con mayor frecuencia ya duermen una placentera y envidiable siestita.

Lo habitual es que, a lo largo de estos doce meses, el propio pequeño haya ido acortando el numero de descansos diurnos de forma espontánea. En líneas generales, el reajuste suele evolucionar de la manera que se especifica mas adelante.

Hasta cuando conviene que duerman la siesta?

Hasta los tres anos por lo menos. Es una costumbre saludable y necesaria (si no, se agotan demasiado y llegan rendidos a la cena). Por supuesto que la benéfica siesta infantil repercute también en los sufridos progenitores: es la mejor forma de leer Ser Padres o el diario con tranquilidad, o establecer un paréntesis para charlar con la pareja.

¿ Les robara horas de sueño nocturno ?

En general, no ocurre así. A los 12 meses, suelen dormir dos o tres siestas a lo largo del día. A los 18, una siesta por la mañana y otra (mas larga) por la tarde. Y a los dos anos, una de aproximadamente una hora y media por la tarde. El problema solo suele aparecer cuando el pequeño duerme la siesta demasiado tarde o por mucho tiempo (mas de una hora y media). Y claro, después, a ver quien se atreve a acostarlo a su hora. Estos sueños tardíos si alteran el descanso nocturno. Cuando son habituales, conviene erradicarlos de forma progresiva.

Si nuestro hijo es de los que se quedan rendidos a las siete de la tarde y después no pegan un ojo hasta altas ho-as de la noche, podemos reformar su horario de la siguiente forma. El primer día lo despertamos de su siesta tardía cinco minutos antes. Por la noche también lo metemos en la cuna otros cinco minutos antes de lo habitual. A los tres o cuatro días restamos de nuevo otros cinco minutos mas a la siesta y después continuamos, poco a poco, adelantando el horario de la misma manera. Con este sistema se reorganiza progresivamente el plan de sueño del pequeño y, en poco tiempo, se consigue que duerma la siesta a una hora conveniente.

La razón por la cual se recomienda que los niños se acuesten siempre (por la tarde y por la noche) a la misma hora es que la anarquía de horarios y costumbres suele perjudicar tanto su ritmo circadiano (el de sueno y vigilia) como el de comidas (cambia el apetito y se vuelven mas irregulares). A los pequeños les viene muy bien que exista un orden en el hogar, y les agrada y proporciona seguridad.

Por supuesto, tampoco pasa nada si un día no hacen la siesta. Ser un sargento con los niños no funciona. Una cosa es establecer una rutina regular, beneficiosa para el hijo, y otra, muy distinta, que la rigidez de horarios impida al pequeño (o a la familia entera) saborear las sorpresas de la vida. Así que, si un día salimos a comer afuera, no hace falta que volvamos volando a casa para acostar al bebe. Podemos quedarnos a disfrutar de la sobremesa (como mínimo) sin remordimiento alguno.

No todos necesitan dormir lo mismo

Hay pequeños que con diez minutos tienen bastante (y a los papas solo les queda tiempo para regar una planta). Otros necesitan dos largas horas de reposo para restablecerse (benditos niños!). Y el caso es que, según los especialistas, ambas circunstancias se consideran perfectamente normales.

¿Como se explica esto?

A esta edad, podemos distinguir cuatro grupos de niños: los grandes dormilones de siesta (necesitan 90 minutos), los pequeños dormilones de siesta (les sobra con 10), los grandes dormilones nocturnos y los pequeños dormilones nocturnos. La combinación es aleatoria, lo que significa que un gran dormilón de siesta no tiene por que ser un pequeño dormilón nocturno, ni al revés. Cuanto antes reconozcan los papas las características de su hijo, mas fácil resultara organizar una rutina de sueno saludable para el. Porque, eso si: aunque conviene armonizar sus hábitos con los del resto de la familia, hay que atender con preferencia las necesidades biológicas del niño.

Para asegurarnos de que ha dormido lo suficiente, ahí va un truco de los de toda la vida: si se muestra alegre y juguetón cuando esta despierto significa que, en las ultimas 24 horas, ha descansado lo que necesitaba. Y si pasa la tarde molesto o lloroso, entonces, probablemente, le vendrá bien un ratito mas de siesta.

Ocho buenos consejos

Para ayudar a esos pequeños que jamás quieren dormir la siesta (y a sus sufridos papas), conviene:

1.- Establecer una rutina de sueno y comidas a lo largo del día: dar de comer al pequeño y acostarlo siempre a las mismas horas.

2.- El mensaje que le transmitimos no debe ser " vas a dormir porque lo digo yo " sino: quiero que descanses, porque lo necesitas

3.- Por la noche debe dormir en su cama o y cunita.

4.- Si llora, regresaremos siempre a su lado, pero espaciando el tiempo de respuesta (primero tardamos un minuto en volver, luego dos, después tres, etcetera).

5.- instaurar una ceremonia de anticipación: después de acostarlo, nos quedamos un ratito a su lado hasta que se tranquilice (sujetándole la mano, leyéndole un cuento o cantándole una canción de cuna). Antes de que se duerma, salimos de la habitación (a si aprende a dormirse el solo).

6.- No es grave que un día no quiera dormir la siesta. Pero al día siguiente lo hará (no hay que perder el habito).

7.- Conviene erradicar  costumbres contraproducentes, como mecerlo durante horas o acostarse con el.

8.- Para la siesta, no es necesario ponerle el pijama. Tampoco hace falta apagar la televisión, bajar las persianas, interrumpir la conversación..

Comentarios y preguntas

Dr. Pedro Barreda