Un paso decisivo: de la cuna a la cama
A simple vista no es una cuestión problemática: los niños crecen y en algún momento necesitan una cama, igual que antes pasaron de las calcetas a los zapatos. Pero no siempre les gusta este cambio.
Hay pocas cosas que confieren al niño tan visiblemente el status de mayor como dormir en una cama grande. ¿Y quién, a los dos años, no desea ser mayor? Lo malo es que en algunos momentos, y muy especialmente por la noche, también tiene sus ventajas seguir siendo chiquito. Además, la cuna es para muchos pequeños algo así como su nido, un amado y familiar amparo, casi una prolongación del vientre materno. De un lugar así, desde luego, no se los debe arrojar de repente y sin contemplaciones. Han de ser ellos mismos los que quieran dar el paso a la cama grande, por propia voluntad y con alegría.
Adiós, cuna, adiós
Cuando el hermanito de Maxi cumplió los tres meses, sus padres decidieron pasarlo del moisés a la cuna. Maxi ya tenía dos años y medio, una buena edad para comprarle una cama grande. Así que, una tarde, unos hombres descargaron un gran paquete y la madre explicó al menor que esa sería su futura cama. El ya era una niño mayor y podía dejar su cuna al hermanito, ¿verdad? Maxi observó los preparativos con mucho interés, pero por la noche se negó sin vueltas a abandonar su cuna y pasar a la cama. Ni los razonamientos, ni la promesa de comprarle una cajita de música ni otros argumentos consiguieron convencerlo, no sólo esa noche sino las siguientes.
Afortunadamente, Maxi era una niño lo bastante testarudo como para expresar con vehemencia su voluntad, y la madre lo suficientemente razonable como para comprender su error. De lo contrario, este episodio podría haber iniciado fácilmente una larga época llena de problemas de sueño, lo cual crea una situación difícilmente soportable.
Dos cosas es demasiado
Porque tener que compartir el amor de los padres con un intruso y encima cederle la propia cuna, esto es más de lo que un niño pequeño puede aguantar.
Los padres no han de olvidar que los niños necesitan tiempo para asimilar los cambios que acontecen en su vida. Dos o más cambios a la vez requerirían una labor psicológica muy fuerte para muchos pequeños. Por ello, el paso de la cuna a la cama no debería coincidir con otras novedades, como el comienzo del jardín, la introducción de la pélela, una enfermedad, una mudanza o, por supuesto, el nacimiento de un hermanito.
Bienvenida, cama grande
A veces, hay que acelerar el abandono de la cuna porque ésta le está quedando tan pequeña al niño que su cabeza y sus pies chocan contra los barrotes. Incluso puede resultar peligroso que siga usándola por más tiempo: cuando ya está tan crecido que sabe salir de ella trepando por encima de la baranda. No todas las cunas son tan estables para permitir esta hazaña. Y no es precisamente deseable que la cuna se vuelque justo cuando el niño se encuentra a horcajadas sobre la baranda.
¿Como saberlo?
Desde el punto de vista físico, ha llegado el momento de pasar a una cama más grande cuando, estando el niño de pie, su pecho coincide con la altura de la barra horizontal superior.
Claro que también hará falta presentarle al pequeño la cama como algo deseable y dejarlo participar en los preparativos. Será algo difícil permitir que la elija él, ya que a esta edad todavía no tienen mucha capacidad para discernir, pero sí nos puede acompañar cuando la compremos. Quizá la familia aproveche la ocasión para realizar algunos cambios en el cuarto infantil, momento idóneo para preguntarle su opinión sobre dónde quiere que se guarden sus muñecos o en qué pared le parece mejor su nueva cama. También puede ayudar a elegir sábanas. Como éstas no son duraderas como la cama, es bastante menos importante que prefiera un dibujo que no le guste especialmente a la madre.
Una pequeña fiesta
Por supuesto, el ritual de buenas noches al que el niño está acostumbrado, se mantendrá también en la nueva cama. Y el osito de toda la vida participará naturalmente en el traslado. Quizá incluso podamos elegir algún día especial para así, poder celebrar el gran acontecimiento. Así festejado, el cambio de la cuna a la cama no será un problema, sino un hito feliz en el camino de nuestro hijo para hacerse, definitivamente, mayor.
Dr. Pedro Barreda
2007