El castigo: ¿Cuándo, cómo y por qué?
F:PadresOk
Probablemente más de alguna vez ha pronunciado frases del tipo “¡Si no haces tus tareas, no verás televisión!”. O, con los hijos mayores, ha recurrido al “tenías que llegar antes de la medianoche. Por eso mañana no saldrás con tus amigos”.
Si se ha sentido identificado con estas oraciones, significa que usted ha utilizado los castigos como un recurso de crianza. Y efectivamente lo son, aunque hay otros más. De hecho, está comprobado que los refuerzos positivos -tales como caricias, estímulos y premios, entre otros- frente a conductas esperadas o a comportamientos que estamos incentivando son siempre más eficaces a la hora de educar.
Pero hay ocasiones en que los actos de nuestros hijos deben ser sancionados, considerando que ellos necesitan disciplina y aprender a respetar los límites, para desarrollarse y crecer.
El cuándo, cómo y por qué penalizar varía de acuerdo a cada familia, así como la validez y la eficacia de sancionar depende de la forma como usemos esta herramienta.Una razón de ser
Lo primero que hay que señalar es que el castigo tiene un objetivo concreto: que el niño respete las reglas de convivencia familiar y social, que modifique ciertos patrones conductuales o al menos disminuya la aparición de un comportamiento anterior, atentatorio contra esas mismas normas.
Pero, ¡ojo! No se trata de penalizar una situación que ocurre por primera vez, a pesar de que ella sea contraria a nuestra escala de valores.
Antes de sancionar, debe existir previamente una norma “breve, entendible, entendida y consistente en el tiempo”. Por eso, aquellas conductas que como papás esperamos que se den o que también queremos favorecer y propiciar, deben estar claras y haber sido explicitadas previamente a todos los involucrados.
Del mismo modo, tampoco se debe castigar de manera aleatoria o dependiendo de nuestro estado de ánimo como padres, ya que en esos casos se desvirtúa la razón de ser y la esencia de la pena en sí.Rayando la cancha
Para contribuir al desarrollo de los niños, el rayado de cancha es fundamental y debe hacerse de manera responsable y reflexionada, debido a que éste será el marco valórico y educativo en el que actuará la familia.
Este encuadre “debe ser inamovible y permanente. De lo contrario, los hijos se confunden y se muestran inseguros respecto del terreno que pisan y también dudan de su propio proceder”,
Pero, ¿para qué fijar los límites? La respuesta es simple: nuestra misión como padres implica –entre otros aspectos- entregar a los hijos las herramientas para que sean felices en el mundo y esto pasa por el que ellos puedan convivir adecuadamente en sociedad y adaptarse a ésta y a sus reglas.
En este sentido, la primera fuente de educación de nuestros niños es el ejemplo que nosotros mismos les demos. Por eso, el qué hacemos y el cómo lo hacemos adquieren mayor relevancia que las palabras en sí.Aspectos para recordar
Como ya se ha dicho, los refuerzos positivos y los castigos también ayudan a cimentar la disciplina en nuestros niños. Sin embargo, para que esas herramientas sean eficaces, los padres debemos tener presentes ciertos aspectos
No presuma intencionalidad:
Aun cuando estemos molestos por la conducta de nuestro hijo, jamás partamos del supuesto de que actuó así para irritarnos o para inferirnos un daño a nosotros como padres. También debemos descartar que su interés sea manipularnos, ya que su intención sólo es lograr alcanzar un objetivo que se ha propuesto. Recordemos que no está dentro de su lógica el “usarnos” para sus fines, como a veces creemos erradamente.
Ame por sobre todas las cosas:
Es necesario que nuestro hijo esté consciente de que independiente de la falta, el amor permanece inalterable y no debe dudar de ello ni siquiera cuando lo reprendamos por su comportamiento. Por eso eliminemos definitivamente las frases del tipo “como dijiste una grosería, ahora ya no te quiero”.
Además, seamos claros y tajantes para demostrarle que estamos enojados por su conducta y no por lo que es él como persona.Además, seamos claros y tajantes para demostrarle que estamos enojados por su conducta y no por lo que es él como persona.
Aprenda a escuchar:
Esto significa que debemos crear las condiciones para que nuestros hijos se expresen con libertad. Es una de nuestras misiones aprender a escucharlos, dándoles tiempo y brindándoles la atención que requieran, para que realmente puedan decir lo que sienten.
Respete siempre:Jamás recurramos ni a la violencia ni al maltrato físico ni al psicológico. Los golpes, las agresiones corporales, las descalificaciones y las actitudes de abandono hacia ellos no contribuyen a corregir su comportamiento, sino que sólo consiguen menoscabar su autoestima y deteriorarlos severamente.
Termine con las amenazas:
Hay que evitar las amenazas, especialmente aquellas que no cumpliremos, ya que tienen efectos indeseados. En el caso de los niños pequeños, ellas constituyen maltrato, por cuanto -en esa etapa- se tiende a creer que todo lo dicho se materializará. En tanto, frente a los mayores, se menoscaba nuestra autoridad y comienzan a percibirnos como incumplidores y poco fiables.
Califique las acciones y no a las personas:Un error frecuente es calificar a las personas de acuerdo a sus acciones. Y, desgraciadamente, esto también lo hacemos con nuestros hijos. Por eso debemos erradicar definitivamente la costumbre de tratar de mentiroso al niño que miente o de llamar “destrozón” al que rompe objetos.
Llame a las cosas por su nombre:
Debemos preocuparnos de usar los términos adecuados, para que el niño conozca los nombres de las acciones que realiza. “A veces he escuchado a mamás diciendo: ‘Mi hijo saca cosas’, cuando lo que hay que decir es –sencillamente- que él roba. Ello se debe a que es preciso que los pequeños tengan claro cómo se denominan sus actos”,
Priorice de acuerdo a una escala:
Al momento de felicitar o de sancionar debemos obedecer a una jerarquía, que clasifique las acciones de acuerdo a una escala con distintos niveles. De esta forma el niño entiende que hay situaciones más graves que otras y que no es lo mismo –por ejemplo- golpear al hermano menor, que rechazar la ensalada a la hora de almuerzo.
- También es adecuado que esta pauta de refuerzos positivos y de castigos sea conocida y utilizada por todas las personas con las cuales el niño comparte la mayor parte de su tiempo. Así él no se confundirá.
Sea consistente:
No debemos permitir que los castigos dependan de nuestros estados de ánimo ni tampoco que las conductas sancionadas estén sujetas a un enojo momentáneo o a la sensación que tenemos en ese instante.
Actúe coordinadamente:Es preciso que exista una coordinación adecuada entre las personas encargadas de la crianza de los hijos y que todos ellos estén al tanto de las normas y reglas que se respetan al interior de la familia. Así se evita, por ejemplo, que los niños en las casas de sus abuelos realicen acciones que en sus propios hogares no podrían llevar a cabo, por no tener autorización para ello. Además, es necesario que se determinen claramente las atribuciones y áreas que abarcarán los diferentes actores a cargo de su educación (padres, familiares, empleadas domésticas, etc.).
Considere la edad y las características del niño:
Al momento de castigar debemos tener claro que la ley pareja sí es injusta y a un hijo pequeño no lo podemos sancionar ni inculcarle las normas como lo haríamos con un adolescente. Hay que recordar que las conductas que podemos esperar que los niños aprendan y la forma como comprenderán los castigos, dependerán de sus edades. Por lo tanto es importante conocer sus características.
Si decide premiar o castigar, hágalo de inmediato:Si el niño ha actuado bien y merece una felicitación o si ha transgredido una norma previa y sea necesario castigarlo, actúe en el instante. Es ineficaz, injusto y dañino reprenderlo semanas después de haber cometido la falta. “En los preescolares no hay temporalidad ni concepto de pasado, ni de presente ni de futuro. Por lo tanto es absurdo alabarlo o retarlo por algo que hizo varios días atrás”,
- Fíjese en el esfuerzo, no en las notas:
Una inquietud bastante generalizada con respecto a los castigos es si se deben aplicar en el caso de las calificaciones obtenidas en el colegio. En este punto, los especialistas concuerdan en que hay que considerar el esfuerzo que hubo detrás del puntaje alcanzado y no tomar en cuenta la nota por sí sola.
f: PadresOk
E:Dr Pedro Barreda