Desarrollo emocional

¿Tu hijo tiene miedos?

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El miedo tiene muchos rostros: temor, pánico, terror, angustia, ansiedad, culpa , inseguridad, desanimo, agresividad, apego excesivo etc..

Es un pilar fundamental de la armonía vital, afecta a todo el organismo humano provocando la liberación de sustancia que causan muchos trastornos, algunos de ellos, irreparables.

Cómo entender los miedos de tu hijo.

Si tu hijo sufre por algún miedo es muy importante que le transmita tranquilidad, seguridad, y le ayude a superar a sus miedos con mucho cariño y comprensión. De una forma general, los miedos suelen aparecer en niños de edad comprendida entre los 3 y los 6 años de edad. El niño todavía no entiende el mundo que lo rodea y tampoco es capaz de separar lo real de lo imaginario. En los primeros años de vida, el niño conoce la existencia de personajes a través de los cuentos, películas, etc., y a la vez pasa a inventar compañeros y personajes, e incluso situaciones imaginarias.


Los miedos son sentimientos totalmente normales en los niños.
Algunos miedos llegan a ser perjudiciales al desarrollo del niño, sin embargo hay otros que incluso, pueden hacer con que el niño evite algún accidente: Por ejemplo: miedo al cruzar una calle, miedo de caerse del columpio, miedo a los animales, etc. Son miedos que enseñan al niño a ser mas precavido en situaciones que exigen mas cuidados.


Según algunos investigadores, los miedos aparecen y desaparecen, y a veces sin darnos cuenta de ello. Y cambian a la medida que el niño va creciendo. Los niños empiezan a tener miedo a las personas extrañas, a objetos raros, a los ruidos fuertes, a la oscuridad, y luego empezarán a tener miedo a la muerte, a los monstruos, a los ladrones, etc. Muchos de estos miedos se ven inducidos por el ambiente externo como las películas, los cuentos, las historias de los amiguitos, y otros están fundados en experiencias negativas en casa o fuera de ella, y de hecho pueden servir a los padres como alarma para identificar situaciones de algún maltrato o abuso a su hijo.


Uno de los miedos más habituales en los niños pequeños es la angustiosa separación de sus padres, el miedo al abandono. Cuando su mamá lo deja en una guardería o con otra persona y se marcha, el bebé o el niño no sabe cuánto debe esperar para volver a verla. Y ahí aparece el miedo a la pérdida definitiva ya que el niño no tiene la capacidad de medir el tiempo. Pero a medida que el niño madura va conociendo con mas profundidad la realidad, y así superará sus miedos. Y no se puede acabar con todos sus miedos porque estos también les permiten a entender el mundo y a sentirse mas seguros en su habilidad para luchar contra el miedo.

Qué hacer para ayudar a tu hijo

Para ayudarle es necesario identificar primero de qué tiene miedo tu hijo

En las situaciones de ansiedad y de miedos en los niños, los padres deben tener muy claro que su ayuda es de fundamental importancia en la superación de tales sentimientos. Los miedos no constituyen un grave problema. De ese modo, lo importante es identificar de qué tiene miedo tu hijo y a partir de ahí, posicionarte a su lado para que juntos superéis ese mal momento.

Aquí tienes algunos consejos para ayudar a tu hijo:


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Es muy importante que escuches a tu hijo, permitiéndole que exprese todos sus miedos.


- Habla con tu hijo sobre sus miedos. Intenta saber qué es lo que le asusta. Y réstales importancia pero sin ignorarlas.
- Transmítale afecto, protección, tranquilidad, y confianza. De esa forma, tu hijo te contará siempre sobre sus miedos, y podrás ayudarlo a que los supere y crezca mas seguro de sí mismo.
- Estimula a tu hijo a expresar sus miedos sin sentirse ridiculizado ni avergonzado. Para eso es necesario que aceptes los miedos como reales. Háblale por ejemplo de situaciones que le han asustado cuando eras pequeña/o y de sus miedos.
- Enfrenta al problema con tu hijo. Cuando él no sea capaz de hacer algo solo, intenta hacerlo con él para que pueda comprobar que no pasa nada. Si por ejemplo, él no quiere entrar a oscuras en su habitación, dale la mano y entra junto con él.

- No pierdas la oportunidad de enseñar a tu hijo como otras personas actúan con confianza en aquellas situaciones que él teme. Si tu hijo ve a otro niño tocar una hormiga puede que le ayude a perder el miedo a los insectos.
- Premia a tu hijo por cada vez que él consiga avanzar en la superación del miedo. Alaba su esfuerzo, sus logros, su valentía y su decisión. De esta forma estarás animándole y dándole mas confianza.
- Cuando tu hijo esté pasando por una situación de miedo, trata de distraerle con juegos. Por ejemplo: si el miedo que tiene es de la oscuridad, inventa juegos de espionaje o de busca de tesoros con linternas en una habitación oscura. Y cuando él consiga encontrar el tesoro (imaginario), dile lo valiente que ha sido y hazle notar que no ha pasado nada de malo.


- Cuéntale siempre la verdad. A veces es el desconocido y la falta de información lo que provoca los temores a tu hijo. Si él se asusta con los cuentos de ogros, brujas, etc., dile que todos los personajes no existen en la realidad y que viven solamente en los cuentos, en las películas, etc. Le repita muchas veces si es necesario.

Los miedos más habituales

Conozca un poco más de los miedos de tu hijo.

Los temores infantiles varían según el niño y las situaciones en las que él vive. Pero, por lo general, los miedos son universales. Empiezan alrededor del primer año de vida, y se presentan con mayor incidencia entre los 4 y los 6 años de edad.
En ese periodo, el niño empieza a tener miedo a los insectos, a los animales, a la oscuridad, a las personas desconocidas, a los fuertes ruidos, a juguetes desconocidos, a los truenos y a las tormentas, a la muerte, etc. Conozca un poco más de cada uno de ellos:

Miedo a las personas desconocidas.
Es necesario que hables con tu hijo sobre los peligros reales que tiene el hablar con personas a que no conoce. Pero no debes decirle solamente eso. No aumente sus miedos. Trata de enseñarle algunas reacciones para protegerse de los desconocidos. Por ejemplo: no aceptar caramelos, ni regalos, ni dar la mano, o dar un paseo con esa persona. En el caso de que lo obligue a ello, pedir ayuda a policías y dirigirse siempre a quién le está cuidando en ese momento. Transmítale confianza, seguridad, pero enséñale a ser precavido ante las personas a que no conocen.


Miedo a la oscuridad.
Este miedo puede estar relacionado a algún cuento sobre monstruos, brujas, que le ha sido mal explicado. Puede también estar relacionado a las pesadillas, a los sueños, o a algún acontecimiento como el cambio de domicilio, también a las situaciones imaginarias, y a muchas más causas. Hay niños que pasan a sentirse mas seguros si dejas alguna luz cercana encendida. Pues no existe nada que se oponga a ello. Si así quiere el niño por una temporada, no hay nada de malo en eso. Luego se le pasará.


Miedo a los truenos y a las tormentas.
Cuando haya tormentas, busca cerrar apenas los cristales de la ventana. Deja que tu hijo pueda ver la lluvia, y hágale contar cuántos relámpagos aparecen en el cielo. Siéntate a tu lado y explícale la verdadera naturaleza de los fenómenos. Explícale el porqué de la lluvia, de los relámpagos, del ruido de los truenos, etc. Y fundamentalmente explícale que esos fenómenos son normales y pasajeros. Y que no les hará daño alguno


Miedo a los animales.
Es muy normal que un niño sienta miedo cuando le acerca algún animal que no conoce. Las distancias deben reducirse muy lentamente, sin que el niño se sienta forzado a ello. Sería conveniente que desde una edad temprana ayudara a tu hijo a familiarizarse con los animales, enseñándole fotografías, luego contándole cuentos en los cuales haya animales, bien como documentales sobre cómo viven y se comportan. El proceso es lento, y se debe tener mucha paciencia. Acércate a un perro, por ejemplo, y acaríciale. Luego propongas a tu hijo que haga lo mismo pero cuando le apetezca. Es importante que enseñes a tu hijo que antes de tocar a algún animal desconocido, se debe pedir permiso a su dueño. Solo él sabrá decirlo si puedes acercarte o no al perro.


Miedos nocturnos.
Hay niños que solo consiguen conciliar el sueño si está uno de sus padres acostados con ellos o acostados en la cama de los padres. El miedo a dormirse solo puede estar relacionado a otros miedos, como lo de las pesadillas por ejemplo. Evita excitación excesiva antes de la hora de dormir. Y si tu hijo te llama a gritos en mitad de la noche porque tiene miedo a estar solo, acudas a su lado y trata de relajarle con tranquilidad. No adelantará de nada si acudes nerviosa. Háblale del tema y dale muchísimo cariño.


Los miedos no son motivos para grandes preocupaciones desde que observes que no interfieren en el desarrollo de tu hijo. Pero si alguno de sus miedos no le deja al niño a que haga una vida normal, es probable que necesite de un apoyo psicológico. Y en ese caso, no lo dudes en hacerlo.

 

Cuando mamá se va

Cuando el hijo llora la ausencia de su mamá

Mamá se va...pero vuelve. Quisiéramos evitarle a nuestros hijos todas las penurias, las dolencias, las heridas, las desilusiones, pero…esto no es posible. Tampoco queremos que crezca en un mundo imaginario. Entonces ¿porqué no enseñarles desde pequeños a aceptar las frustraciones y los miedos con los que se encuentra desde el nacimiento?


1. Mamá no es una presencia continua. Va y viene. Aparece y desaparece.


2. En la ausencia de mamá, está el osito de peluche, o una música, o el dedo para chupar o la manita que acaricia la oreja: todo eso que no es mamá pero que me la recuerda.


3. Si la ausencia se prolonga demasiado, sobreviene la sensación de vacío, el recuerdo de mamá se apaga.


4. Si mamá no desaparece ni un ratito, no hay espacio para aprender a hacer algo creativo con su ausencia, inventar juegos, sonidos, gestos que me representen a mamá.


5. Es necesario que pierda un rato a mamá para saber que después la recupero. Pues si no la pierdo nunca: ¿ cómo sé que ella vuelve?


Todos los que estamos en contacto con niños comprobamos una y otra vez el atractivo que tiene para ellos ( a partir de los 6 meses) jugar a "esconderse", es decir, ¿dónde está el bebé?", Ocultando el rostro, y escuchar su carcajada cuando lo descubrimos. Alrededor de los 9 meses su juego preferido es arrojar objetos bien lejos y pedir que se los acerquen de nuevo. Más grandes, conservan el placer de jugar a las escondidas, en todas sus versiones. Estos juegos divierten tanto a los niños, porque les permiten atravesar esa dosis de angustia que genera no ver el rostro o el objeto o al que está escondido, y disfrutar de la alegría de recuperarlo. Son experiencias que dejan una enseñanza: las cosas, las personas, la salud, el llanto, la alegría, la tristeza: van y vienen, aparecen y desaparecen…pero siempre habrá a mano "un osito de peluche".

Dr. Pedro Barreda

2008.-