LA ADOPCION EN CHILE

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Con la verdad por delante

F.Emol

Sociedad prejuiciosa y discriminatoria

Después de dos años de investigación, las periodistas Consuelo Larraín y Magdalena Correa escribieron el libro que hacía falta en Chile sobre la adopción, con todas las aproximaciones y aristas posibles. Los testimonios recopilados dejaron al descubierto que seguimos siendo una sociedad prejuiciosa y discriminatoria. Por eso, muchos prefieren mantener en secreto una verdad que tarde o temprano sale a la luz y, a veces, con graves y dolorosas consecuencias.

Misterio de un encuentro, la adopción en Chile".

Este año la adopción ha estado en el centro de la noticia. Con casos como el del conocido cirujano plástico Héctor Valdés, quien no ha querido regresar de España con su esposa y sus cinco hijos adoptados en Chile, al cuestionarse las operaciones estéticas que realizó a la famosa "jueza express" (María Angélica Grimberg, hoy expulsada del Poder Judicial). O el caso develado recientemente por el renombrado científico Claudio Teitelboim (ahora Bunster), que descubrió al cabo de 57 años que Volodia Teitelboim, la persona a la que consideraba su padre, no era tal.

"Nosotras hablamos con una mujer que se enteró a los 40 años que era adoptada. El mismo Claudio contó a la prensa que cuando confrontó su verdad con Volodia Teitelboim, éste le dijo: ‘te consideré parte de mi familia, más que si hubieras sido adoptado’. De partida en esa frase está el prejuicio de que un hijo adoptado no es igual de querido que uno propio", dice Consuelo Larraín, una de las autoras de "Misterio de un encuentro, la adopción en Chile".

Más de 80 personas, entre padres, hijos, médicos, sicólogos y abogados, fueron entrevistadas por ella y su colega Magdalena Correa en el transcurso de la investigación, donde incluyeron los relatos de quienes han sido las grandes ausentes de esta temática en nuestro país: las madres biológicas. "Durante décadas ellas han sido silenciadas, sin ninguna posibilidad de reencontrarse con esos hijos entregados por causa de la pobreza, soledad, ignorancia o desesperación. Hoy se vislumbran cambios en esto. Nuestro objetivo es que el libro sea un aporte no sólo para quienes están en el proceso, sino para toda la sociedad, que arroje luces y no sombras", agregan.

Importancia de las fundaciones

A lo largo de la investigación constataron que la sociedad chilena mantenía muchos secretos y prejuicios debajo de la alfombra en torno a la adopción, tendencia que ha ido revirtiéndose gracias al trabajo que hacen las distintas fundaciones dedicadas a esta materia. Igual todavía persisten algunos miedos.

"De nuestras conversaciones con los expertos y las entrevistas concluimos que el origen de esa actitud está en el miedo: miedo a que tus hijos adoptivos sean discriminados, como a veces ocurre; miedo a que sean cruelmente tratados en el colegio por otros niños, que también pasa; miedo a que les pregunten quién fue su madre biológica; miedo a contar toda la verdad y causar un dolor enorme (los niños saben que son adoptados, pero no los detalles que rodearon su situación); miedo al rechazo de su entorno, por ejemplo, cuando la hija crece y se casa, cómo va a reaccionar la familia del novio; miedo a la herencia genética", señalan las autoras.

Aprendizaje familiar cumple un rol vital

emol

El mito de la "mala semilla" incluso se aloja en la mente de los mismos padres adoptivos. "Se supone que los hijos tendrían que repetir la historia de sus progenitores y sucede que cuando empiezan los problemas de conducta -qué hijo no los tiene- entonces no faltan los que atribuyen esto a la herencia genética, ‘quizás qué genes trae’, se dice comúnmente. Nosotras hablamos con una genetista que asesora a distintas fundaciones y ella nos explicó que hoy nadie pone en duda que el aprendizaje familiar cumple un rol vital en el desarrollo de un niño, mucho más que los factores hereditarios", dicen.

Es así como en cualquier familia puede aparecer una patología siquiátrica, este hecho no es privativo de la adopción.

"Cada mes, la misma decepción; cada semana, la misma rutina de exámenes. Estás aburrida de los delantales blancos, de las jeringas, las camillas…Todo se vuelve mecánico, planificado. Hasta hacer el amor: a tal día, a tal hora. Todo debe calzar. Todo debe ser controlado, evaluado y anotado en tu ficha. ¿Dónde quedó la intensidad de tus sentimientos, tu romanticismo? Te empiezas a consumir por dentro y la risa de cualquier niño se transforma en un desgarro, en una mueca. Se te va secando el alma de a poco, cayéndose a pedacitos. ¿Hasta cuándo dura la esperanza?", es la frase que encabeza el capítulo dedicado al duelo de la infertilidad.

Altos índices de esterilidad

Un 18% de los matrimonios chilenos son estériles y darse cuenta de ello implica un largo y estresante camino, un capítulo que debe cerrarse antes o durante los trámites de adopción. Magdalena Correa cuenta que la mayoría de las fundaciones ayudan a las parejas a concluir el duelo de la infertilidad.

El inconveniente está en que la pareja estéril puede pasar hasta ocho años de espera para poder convertirse en papá y mamá. En el intertanto no sólo baja la autoestima y aumenta la sensación de no tener derecho a la paternidad, también disminuye la imagen corporal y sexual. Aquellos que no realizan bien su duelo de infertilidad son los que más inseguros se sienten al adoptar y de alguna manera necesitan constantemente negar que su hijo es adoptado. Así les contó la sicóloga de la Fundación San José, Soledad Gómez, quien los detecta de inmediato, porque son los que más exigen que el niño sea parecido a ellos. "La verdadera motivación debe ser el querer ser papás", cuentan las periodistas.

Prejuicios increíbles

Entre los prejuicios típicamente chilenos no sólo salieron a relucir algunos insólitos como el de mujeres que optan por "fingir un embarazo", como les contó Andrea, a quien su médico le sugirió acudir a una señora que se dedicaba a fabricar esos cojines. "Andrea estaba indignada, ‘a quién le voy a mentir, no tengo nada que ocultar’ nos dijo cuando ya tenía asumido adoptar y recurrir al Sename. También sigue vigente el antiguo prejuicio de confundir esterilidad con virilidad, entonces hay hombres que no admiten su problema públicamente y la mujer es la que se atribuye la infertilidad", agregan.

Conociendo sus raíces

Este año también fue noticia la llegada a Chile de 28 jóvenes chilenos que fueron adoptados a meses de nacer por familias suecas. El objetivo fue facilitarles una mejor comprensión de sus orígenes y posibilitar un reencuentro con sus padres biológicos. Se calcula que, entre 1969 y 1992, unos 2.167 niños chilenos fueron adoptados por suecos.

"Nosotras no entrevistamos a ninguno de ellos, pero sí a una joven llamada Micaela que había sido adoptada por italianos y que vino a Chile para conocer a su madre biológica en la Navidad de 2004. La nueva ley de adopción chilena otorga a los adoptados, a partir del momento en que cumplen 18 años, el derecho de buscar a sus padres biológicos si lo desean. En el Programa de Búsqueda de Orígenes del Servicio Nacional de Menores, de los 90 casos que se presentaron en 2004, el gran porcentaje corresponde a hijos criados por padres extranjeros y sólo 15 a chilenos", relata Consuelo Larraín.

Necesidad natural

Sin embargo, para ellas quedó claro que en algún minuto todos por igual sienten la necesidad o inquietud de saber qué pasó, por qué los abandonaron o los entregaron. Hay quienes prefieren perdonar y dejar ir, como les afirmó el sicólogo e hijo adoptivo Juan Pablo Westphal, quien lo explicó así en el libro: "Pienso que lo de la búsqueda de orígenes tiene que ver con ese vivir a medias, sin compromisos, porque la verdad total no la voy a saber nunca; averiguaré algunas cosas, pero ya las circunstancias no son las mismas. A mí me interesa vivir tranquilo y ofrecerles esa opción a los adolescentes que atiendo en la consulta. Aspirar a tener experiencias positivas dentro de mi familia. Quiero elegir a mis padres, quedarme con ellos en vez de rastrear mis orígenes, lo que no te va a traer ningún provecho. Es mejor decirles a mis papás: soy tu hijo, te quiero y sigo contigo. Ustedes me eligieron y ahora yo los elijo a ustedes".

Otra opinión les dio Francisco Javier Díaz, quien sabía que era adoptado, pero sólo al momento de casarse, sus padres le contaron las circunstancias: él había sido abandonado en un basurero y fue hallado en un severo estado de desnutrición. "Hoy, a punto de cumplir 30 años y convertido en papá admite que le gustaría conocer a la mujer que lo engendró. Nos impactó cuando nos relató que al nacer su guagua, la tomó en brazos y exclamó: ‘por primera vez tengo algo mío, mío, mío’. Es fuerte, porque se trata de compartir lazos sanguíneos por primera vez", relata Magdalena Correa.

Idealizar una situación

Conocieron además, a una hija adoptiva de una extranjera que tenía una mala relación con su madre y que había idealizado a su progenitora biológica. "Vino a Chile a conocerla, pero realmente no quería tener un contacto, sólo usaba eso para manipular a su mamá adoptiva, para obtener todo lo que le negaba.

Sin duda que uno de los testimonios que más les llegó al corazón fue el de una mujer de 36 años, que había sido adoptada y que dio a su único hijo en adopción después de cuidarlo y amamantarlo durante cuatro meses.

"Es una chica muy bondadosa, pero con mucho daño en su autoestima. Ella hasta el día de hoy enciende una velita todas las noches por su hijo, espera que algún día él la perdone y alberga la esperanza de que cuando él cumpla 18 años, la busque y quiera conocerla. Conocimos muchos ejemplos de generosidad y amor incondicional, ya sea por parte de los padres adoptivos, madres biológicas, hijos adoptados. No hay nada novelado en el libro, todas las historias son rigurosamente ciertas, de carne y hueso. Lo único que hicimos fue cambiar nombres y profesiones a aquellos que no quisieron dar sus datos reales", confiesa Consuelo Larraín.

No existe receta común

Concluyen en que si bien no existe una receta común válida para todos, en lo que sí creen es que la adopción debería dejar de ser un tema secreto o no abordado. "Se ha abierto, pero no lo suficiente. Hay un programa que quiere implementar la Fundación San José de acercarse a los colegios, porque en el entorno escolar se presentan muchos problemas. Los profesores, por ejemplo, no saben cómo reaccionar ni qué decir cuando en la primera clase de sexualidad una alumna les dice que ella no nació de la guata de su mamá. Infortunadamente, el programa no se ha podido aplicar a todos los colegios por falta de financiamiento", añade Magdalena Correa.

Dos hechos hay que considerar para apreciar lo importante que es enfrentar con más altura de miras la adopción. Por un lado, el descenso de la tasa de natalidad chilena a 19,9 por cada mil habitantes en el quinquenio 1995-2000. Las mujeres se embarazan menos y, por lo tanto, hay menos guaguas para adoptar. Por otro lado, el incremento de la infertilidad aumenta la demanda por infantes. ¿Qué estamos como país dispuestos a hacer al respecto?

 Un final feliz

Hubo un caso especial que motivó el interés de las periodistas por investigar el tema de la adopción. Fue el del matrimonio formado por Alvaro Chavarría y Gilda Faúndez. Ambos dieron una dura batalla legal y mediática por su segundo hijo adoptivo, Matías, que finalmente tuvieron que devolver a su familia biológica.

La historia partió el 10 de enero de 2002, cuando la Fundación Chilena de la Adopción les entregó a ambos el lactante de tres meses de vida. La pareja ya había antes adoptado a su hijo mayor, Sebastián, de entonces cinco años de edad.

Sin embargo, la madre biológica de Matías se arrepintió y debido a que todavía no expiraba el plazo que en ese entonces otorgaba la ley, ellos debieron cumplir con lo estipulado por la Corte Suprema tras meses de peleas legales. Al dolor de esa pérdida se sumó otro: Sebastián quedó fuertemente marcado con esa experiencia y temía que a él también lo fueran a buscar.

"Cada noche le insistíamos: tú no te vas de acá, tú eres nuestro" relata el matrimonio a las investigadoras. El resultado positivo de esto fue una modificación a la ley: ahora tras la entrega voluntaria del niño, se otorgan sólo 30 días para que la madre biológica pueda apelar si cambia de opinión.

Los Chavarría-Faúndez adoptaron otra hija, Coni, que sufre de microcefalia y retardo mental, secuela de maltratos y desnutrición. "No hay nada que no se pueda solucionar con amor. Coni es prueba de ello. Se ha vuelto otra niñita gracias al cariño y nuestro cuidado. Estamos felices con ella. Por fin nuestra familia volvió a la normalidad", contó Alvaro.

Felicitaciones y éxitos en su libro.

F: Emol

E y fotos Dr Pedro Barreda

11/2005