Una buena negociación evita las peleas

Padres y adolescentes

Ni muy estricto ni tampoco caer en la falta de límites. Conocer los horarios y la realidad en que se mueven los hijos es clave para lograr el equilibrio.

 FALTA DE NEGOCIACIÓN :

 Primero EL testimonio:

"¡Te odio!", "¡lo único que quieres es hacerme la vida imposible!" eran frases que se hicieron "pan de cada día" para Claudia (39). "Y a medida que se acercaba el fin de semana, los ánimos se encendían más y más", cuenta.

Cómo no iba a ser así, si desde el lunes empezaba el lobby de su hija Catalina (17) para extender el carrete de turno. "Partía pidiendo permiso de lo más calmada y tipo jueves empezaban los gritos. Pero mientras más agresiva se ponía, más me irritaba yo. Al final todo terminaba con ella encerrada en su pieza, yo enfurecida y todos tensos".

La razón de tanto alboroto es que Catalina nunca estuvo contenta con el horario impuesto por sus padres: las 2 de la mañana.

Ella se defiende diciendo que no tuvo voz ni voto. "Nunca escucharon mis argumentos y eso fue lo que más me apestó. Da lo mismo que mantuvieran la hora si me hubiesen dejado dialogar, si los hubiera visto con un mínimo de apertura frente a mi punto de vista, pero no".

"Gran error", La falta de negociación, explica, equivale a imponer una medida, lo que en apariencia puede parecer muy efectivo, pero termina pasando la cuenta. "Puede que eso desemboque en una guerra total entre los padres y el hijo, por que éste se va a terminar rebelando. En cambio, si siente que ha tenido participación en el acuerdo y que su voz ha sido escuchada se va a sentir mucho más responsable de respetarlo",.
 

Todo es relativo

Es prácticamente imposible fijar pautas generales respecto de los horarios y permisos adecuados para cada edad. "Depende del ambiente sociocultural y de la personalidad del niño. En todo caso, la premisa es que sea una hora que le permita funcionar bien al día siguiente". Este "funcionar" implica, , poder hacer algún deporte, almorzar en familia y andar de buen ánimo. "En general, que pueda hacer todas las cosas que hace normalmente".

Comienza y sigue con la edad

Esto empieza a correr desde los primeros permisos nocturnos que pide el niño, alrededor de los 11 años. "La mayoría son reuniones mixtas en casa de amigos, por lo que es ideal que los padres siempre estuvieran presentes para que el niño entienda que no es necesario estar lejos de los papás para pasarlo bien".

Horario a cumplir claros y precisos

Además, se recomienda enviar invitaciones donde se especifique claramente la hora de inicio y fin de la fiesta. "La primera vez, si son muy chicos, uno les puede dar permiso de seis a nueve. Siempre van a patalear, pero hay que dejarles en claro que a medida que vaya creciendo los permisos se irán alargando".

Las niñas y los niños corren los mismos riesgos.

Y atentos, que la creencia de que los hombres pueden salir hasta más tarde no es compartida por todos. "Ahora los riesgos del alcohol y las drogas son para todos iguales, por lo que no tiene ningún sentido hacer distinciones",
Pero hay una constante que debe mantenerse desde el inicio y para siempre: apertura de los padres. "No sólo en lo que respecta a la negociación, sino que deben estar atentos a cómo son las normas en el ambiente en que se mueven sus hijos. No le puedes decir a un muchacho  de 16 años que llegue a la una porque a esa edad las fiestas recién comienzan a esa hora. Le parecerá ridículo".

 
Uno de los riesgos es quedar desfasado respecto de lo que ocurre en el ambiente de los hijos y aparecer como demasiado estricto, lo que puede ser "nefasto". "El adolescente tiene que explorar de un modo controlado. Pero si uno le impide esa exploración está cercenando una parte importante de esa etapa".

O bien, está la posibilidad de que ese adolescente recurra a "malas artes" para salir. Como ocurre con mucha frecuencia.

 
Sin excusas

Por lo mismo, los especialistas recomiendan juntarse entre los apoderados del curso para conversar el tema y definir criterios comunes respecto del horario de término del carrete. "No se trata de imponer, uno sólo puede sugerir. En todo caso, fijar horas similares para todos los alumnos de un curso ha resultado ser útil para varios padres".

Otro error es dar rienda suelta a los hijos que tengan buena conducta. "Cómo le voy a decir que llegue a cierta hora si es tan bueno" es la típica frase que suelen decir.

Pero ojo, porque "por muy bueno que sea, siempre necesita tener ciertos límites", .


Ahora, tampoco significa que todos los hermanos tengan las mismas reglas, no hay que tener miedo a hacer diferencias. "Uno tiene que evaluar según la personalidad de cada uno. Además, con la práctica es posible darse cuenta de que se fue muy estricto o muy relajado con un hijo y corregir el error con el siguiente. Lo importante es asumir que se actuó equivocadamente".

LÍMITES

61,2% de los jóvenes de cuarto medio reconoce que tiene una hora de llegada después del carrete, según un estudio del Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública de la Universidad Central.

AUTORIZACIÓN

48,4% de los jóvenes encuestados les pide permiso a ambos padres antes de salir.

Otro testimonio:

"Yo fui conejillo de Indias"

Mi tema con los permisos es súper conflictivo. Desde mis primeras fiestas -por ahí por los doce años- que me dijeron que era muy chica. Nunca lo entendí y tampoco creo que mis papás se hayan dado cuenta de lo importante que era para mí. Como estaba en un colegio de mujeres, las fiestas eran la única forma de hacerse un grupo de amigos hombres, por lo que en el fondo redujeron mis posibilidades de tener amigos del sexo opuesto.

Lo que más rabia me daba es que era prácticamente la única del curso a la que no dejaban salir y creo que ser la mayor, y más encima mujer, fue lo que más actuó en mi contra.

Claro, mis papás tenían miedo del copete, de las drogas, de los accidentes y de todos los peligros de salir de noche. Pero creo que a la larga no sacas nada tratando de mantener a un hijo alejado de eso, si no que más bien hay que enseñarle a controlarse a sí mismo frente a ese tipo de cosas.

Ahora, mi error fue no haberles demostrado que era lo suficientemente madura como para poder salir hasta tarde.

Cada vez que quería pedir permiso terminaba pegando portazos y gritando: "¡Ustedes no cachan nada!".

Sí, igual lo pasé mal porque a veces pensaba que no me quedaba otra que rebelarme; pero cada vez que lo hacía me caía un castigo de seis meses sin salir, y ellos lo cumplían a la pata de la letra.

Ahora, que he mejorado en el colegio, que conocen a mis amigos y que hago más fiestas en la casa, la realidad es otra.

Nuestra relación mejoró ene y confían en mí. De hecho, tengo una hora de llegada más que decente.

Ahora los entiendo y, si pudiera retroceder, haría las cosas distinto. Pero también tengo claro que no voy a ser tan estricta cuando mis hijos me empiecen a pedir permiso para salir.

 
Los problemas llegan a los 15: aprehensiones de los padres

Primero quieren ir al cine. Uno los deja sentados adentro de la sala y ya estás afuera cuando la función termina. Después se quieren quedar paseando por el mall y un día llegas al primer permiso para salir de noche a una fiesta.

En ese minuto nos dimos cuenta entre los apoderados del curso que sería mucho más fácil enfrentar el asunto en bloque, fijando un horario común. Eso funcionó súper bien hasta que comenzaron las fiestas de 15.

El acuerdo con mi hija era hasta la una, pero cuando llegaba a buscarla a esa hora ella quería seguir bailando.

Yo sentía rabia e impotencia: esperaba muerta de sueño hasta la una y ella esperaba a que llegara a buscarla para decirme que no se pensaba venir.

Reconozco que todo empieza tarde y termina tarde. Traté de ceder y ponerme en ese lugar, pero creo sinceramente que llegar a las tres de la mañana sigue siendo una locura.

Muchas veces dan ganas de tirar la esponja y hacer una excepción, pero está el temor de que si uno deja pasar la bala una vez, das pie para que se repita.

Y otro gran miedo: si llega a la casa a las tres de la mañana a los 15 años, eso significa que a los 18 ó 19 simplemente no va a llegar. Puede sonar una exageración, pero es inevitable pensarlo.

Es curioso, porque los padres pasamos a convertirnos en ogros que les hacemos la vida imposible, nos tratan de convencer de que son grandes y maduros, pero cuando se cortan un dedo en el colegio y te llaman para que los vayas a buscar te encuentras con la realidad: siguen siendo niños.

 
Voces del Acuerdo

 
"Una de las cosas que más me gustaron fue el día en que mi papá me dijo que confiaba en mí porque ahora estaba mucho más maduro. Es divertido, porque desde ese momento me puse mucho más responsable y empecé a cumplir los horarios de llegada. Fue bacán".

 
"Nunca entendí qué les importaba a mis papás una mísera hora más. Sobre todo porque nunca iba a lugares riesgosos. Recién ahora entiendo que se debe a las aprensiones de las salidas nocturnas y los peligros que eso implica. Pero todavía me parece que es demasiado".

 
"Es una lata que den poco permiso y a veces creo que mis papás son demasiado apretados con la hora. En todo caso, igual los entiendo que tengan miedo porque saben que a esta

 Muy buen articulo Valeria Muñoz . Fuente Emol

Dr Pedro Barreda

nov/2005