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“Mi hijo no come nada”

La frase: “Mi hijo no come nada” es una de las expresiones más habituales de cualquier padre.
En ocasiones, las menos, es cierto y bajo esta inapetencia se esconde una enfermedad (un catarro, una gastroenteritis o incluso realidades más complicadas como una alergia o una intolerancia alimentaria).
Sin embargo, la mayoría de las veces son los padres quiénes erróneamente consideran que su hijo no se alimenta lo suficiente porque “no se come todo lo que le echan en el plato”, olvidando que los niños necesitan raciones acordes con la etapa de crecimiento en la que se encuentren.
A partir de los dos años disminuyen la cantidad de comidas
Así, un bebé de meses crece a una velocidad asombrosa por lo que suele comer a menudo, mientras que a partir de los dos años de vida la velocidad de crecimiento disminuye notablemente y, por consiguiente, la demanda de comida, también.
Es entonces cuando los padres, alarmados por este “bajón alimentario”, creen que existe un problema porque no muestra el mismo apetito. Sin embargo, la realidad es que sus necesidades no son las mismas.
A cerrar refrigeradores en la pubertad
Más
tarde, en la etapa de la adolescencia —en pleno “estirón”— el caso será
justamente el contrario, ya que sentirán una constante necesidad de
comer. Aunque a lo que realmente hay que atender no es a la cantidad de
comida que consumen, sino a la calidad de ésta. Eso es lo más
complicado en la alimentación infantil: conseguir que coman todo tipo
de alimentos (pescados, verduras o legumbres), sin protestar y sin que
esto suponga una verdadera batalla a librar cada día.
¿Cómo
lograr que coman de todo tipo de alimentos?
El mejor ejemplo, el de los padres Esta es una de las ideas claves para
que los niños se alimenten correctamente: darles ejemplo con aquello
que comemos. Y “la ley de la imitación”. La idea principal es que la
educación nutricional de los niños depende en gran medida de la actitud
de los padres. Rara vez un niño optará por tomar fruta o verduras si
sus padres no las consumen. Si este tipo de alimentos no se encuentran
en el menú cotidiano de su hogar, probablemente los niños crecerán con
la idea de que no son tan imprescindibles. Por lo que, en ocasiones, es
preferible que como adultos revisemos nuestras pautas alimentarias
antes de tratar de inculcar hábitos saludables a los niños.
Hacer los platos apetecibles

Normalmente, el interés de los niños por los alimentos más saludables
es mucho menor que el que pueden despertar los macarrones, las papas
fritas, las salchichas… por eso hay que tratar de prepararlos lo más
apetitosos posible; ya se sabe: “la comida entra por los ojos”.
* Deja que participen en la elaboración:
la preparación de platos sencillos como las ensaladas son tareas que
los niños también pueden llevar a cabo. El hacerles partícipes les
despierta el interés por aquello que han preparado y aumenta sus ganas
por comerlo.
* Camuflaje: si lo complicado es conseguir que
coman verdura por ejemplo, ¿por qué no camuflarla? Si les encantan los
espaguetis prueba a acompañarlos con champiñones o espinacas, o si les
gusta la carne guisada añade también zanahorias u otra verdura
verdes.
No obligarles. Ponga platos, no emociones en la
mesa.
No se trata de forzarles a que coman un determinado alimento. Muchas
veces esto termina volviéndose en contra y al final lo único que se
conseguirá es que le tome manía. El truco está en tratar de introducir
todo tipo de comidas de una manera natural, sin mostrarse expectantes
por cómo reaccionará, . En cualquier caso, no hay que olvidar
que es imposible que les guste y coman de todo. ¿Acaso los padres lo
hacemos? Todo aquel que se pare a pensarlo encontrará un alimento que
no le guste nada: a los niños les ocurre igual.
Ud debe saber
La mitad de los niños de entre dos y diez años se niega en un primer momento a degustar un alimento nuevo escudándose siempre en la frase: “no me gusta”. Sin embargo, en aquellos casos en los que la negación es continua y se convierte en un verdadero trauma, se denomina como neofobia, que es la fobia a probar alimentos nuevos
Llega la hora de comer y…
Cierran
la boca y giran la cara, se niegan a tragar el pequeño bocado que
ha conseguido meterle en la boca, lo escupen y por supuesto se
escudan en la mítica frase: “no me gusta” (aunque no lo hayan probado),
son actitudes de los niños que seguro le suenan. La desesperación
muchas veces reina a la hora de las comidas y por eso los padres caen
en errores tan habituales como “chantajearles” con premios o castigos,
según se coman o no lo que tienen en el plato. Toda vale con tal de
lograr que coman. Sin embargo, este tipo de comportamientos no son del
todo correctos
.
¿La comida como recompensa?
Sí y no. Se han llevado a cabo muchos estudios y no todos coinciden, aunque por lo general sí hay una idea compartida: frases como “si te comes la verdura, podrás tomar postre” no son acertadas. El motivo es que el niño automáticamente asocia la verdura con algo malo, puesto que si se la come tiene premio. Por ello, ofrecer dulces como recompensa no es una buena idea, Este truco puede funcionar siempre que el niño no entienda que le ofrecen un plato como recompensa porque la comida de acceso a ella es mala. Otra manera más correcta de recompensar es a través de valoraciones hacia el niño. Las recompensas verbales como “estamos orgullosos de ti” o “cuánto estás aprendiendo” son más útiles y pedagógicas.
Otros errores habituales.
Cuando un niño manifiesta que no quiere comer un determinado plato, los padres ceden y se lo cambian por otro que le gusta más y que normalmente no es ni tan nutritivo, ni tan saludable. En otras ocasiones, los padres, exasperados por la insistente negativa del niño a comer, se enfurecen. El resultado es que la hora de la comida se vuelve un momento tenso y el niño se reafirma en rechazar el alimento a modo de defensa contra el enfado de los padres.
* Mostrar al niño cuál es la manera correcta de comportarse en la mesa
y animarle a seguirla.
* Si inicia una mala conducta no retarlo, sino explicarle cuál es la
adecuada.
* Si continúa con malos modos lo mejor es dejar de prestarle el interés
que él quiere recibir (muchas veces estos comportamientos no son más
que simples llamadas de atención).
* Cuando su actitud se calme, progresivamente volver a prestarle
atención de una manera natural.
¿Reconoces a tu hijo?
los diferentes tipos de niños que hay en función de su
comportamiento a la hora de comer y cómo actuar en función de cada caso:
* El niño lento: Puede ser un niño disperso, con problemas de atención o sencillamente que come a un ritmo más lento que el resto. Aunque en ocasiones, se puede dar el caso de que se haya acostumbrado a perder el tiempo mientras hay que comer.
3 estrategias: Adjudicarle tiempos para cada plato, pero tratar de que los cumpla poco a poco. Reforzarle verbalmente cuando consiga aproximarse al tiempo previsto. Por el contrario, no prestar atención cuando no lo consiga y no etiquetarle nunca diciéndole que es un lento.
* El niño selectivo: Se caracteriza por haber tomado manía a determinados alimentos o, simplemente, no le apetecen y suele desplegar toda una serie de quejas y negativas para conseguir no comerlo.
3 estrategias: Observar sus caras y quejas, pero sin estar pendiente en exceso. Al revés, prestarle mucha atención cuando se esfuerce y pruebe un alimento nuevo. Hacerle partícipe en la planificación del menú diario, pero haciéndole saber que la decisión de lo que come siempre será de los adultos. Ponerle lo que más le gusta en segundo lugar y darle en pequeñas cantidades lo que menos le gusta al principio
.
* El niño manipulador: Utiliza el espacio y el
tiempo de la comida para retener a los adultos y conseguir que estén
pendientes del pequeño mientras come.
3 estrategias: Observar qué está consiguiendo el niño cuando se trata de comer: jugar con sus juguetes preferidos, ver su programa favorito de televisión, haceros perder la paciencia… No proporcionarle ninguna de esas atenciones y permitirle jugar, pero tras esforzarse por comer bien, en el tiempo estipulado y manteniendo buenos modales
.
* El niño inquieto: Generalmente, ante cualquier
hábito que requiera atención, mostrará tendencia a moverse y a no
parar, sobre todo cuando se trate de exigencias que requieran un cierto
esfuerzo para él. 3 estrategias:
Hacer todo lo más rutinario posible: establecer por sistema los mismos
espacios para comer, horarios más o menos fijos… En definitiva, tratar
de tenerlo todo controlado y no que cada día el momento de la comida
varíe. Evitar que mientras come el niño haga otro tipo de actividades
como jugar o pintar. Nunca darle de comer mientras corretea por la
casa. Por el contrario, cuando se muestre tranquilo y se comporte bien
hacérselo saber.
A la hora de dar de comer a los niños es normal que éstos protesten,
¿cuál debe ser la actitud correcta de los padres?

El
comportamiento de los progenitores es una de las claves principales:
las pérdidas de control crean ambientes poco propicios para la
transmisión de hábitos adecuados. Debe optarse por actitudes relajadas
y, sobre todo, no entrar en el juego de las salidas
de tono del niño.
El proceso educativo necesita conductas que refuercen los logros del
niño y recompensen su progreso, pero cuidado con premiar con dulces.
¿Cuál es el tiempo
recomendado para cada comida?
Puede variar considerablemente de una familia a otra, pero en cualquier caso deberá establecerse un máximo tanto en casa como en el comedor escolar. Como orientación: el desayuno de 15 a 20 minutos y la comida y la cena entre 30-35 minutos.
¿Cómo saber cuándo realmente
existe un problema alimentario como una alergia o una intolerancia?
Las manifestaciones de este tipo de problemas no dan lugar a
enmascaramientos de comportamiento, sino que se advierten en diferentes
aspectos como en el ritmo de las deposiciones, en la frecuencia e
intensidad de dolores ante la ingesta de determinados alimentos, en la
disminución de peso o en la aparición de erupciones cutáneas. Ante
estas situaciones debe consultarse al pediatra.
¿Cuáles son las edades más
complicadas para que coman?
La edad de tres a seis años y de 10-14 suelen ser complicadas.
Sin embargo, la inapetencia es pasajera y normal, pero en ningún caso
debe suponer una puerta abierta para que el niño coma a la carta. Por
lo general, debe asumirse que el niño pequeño come lo que necesita, ya
que algunos padres tienden a sobrevalorar el acto de comer y las
necesidades del niño, lo que conduce a sobreestimaciones de las
raciones.
¿Qué no debe faltar en la despensa?

El pan, la pasta, el arroz y las patatas son alimentos que aportan
energía saludable y son básicos en la alimentación. Las legumbres
deben estar presentes al menos dos veces por semana como base de
primeros platos o platos únicos.
Las carnes magras desgrasadas, los pescados y los huevos en cantidades adaptadas a la edad.
Ofrecer frutas y hortalizas diariamente y en al menos cinco ocasiones. Los alimentos ricos en grasa o azúcares (bollería, comida rápida, aperitivos fritos), se pueden tomar con moderación.
Excelente articulo: extraido materna.cl
Edicion y fotos Dr Pedro Barreda