Tipos de
reflujo vésico-ureteral:
Dra Paulina Baquedano
Formas de diagnotico
riesgos y sintomas
1. Reflujo primario o idiopático,
anomalía congénita de la unión vésico-ureteral producida por una
laxitud del trígono, una deficiencia de las fibras musculares del
uréter distal o un trayecto submucoso muy corto secundario a una
ectopía del meato. Esto sería consecuencia de una alteración en la
posición de la yema ureteral, en la vida intrauterina.
2. Reflujo secundario,
es aquel asociado a una lesión anatómica producido por:
a) Destrucción
quirúrgica de los mecanismos valvulares.
b) Esclerosis del
detrusor en tuberculosis, radioterapia, cistitis intersticial o
cáustica.
c) Vejiga neurogénica
con parálisis parcial o total del detrusor y el trígono, vaciamiento
incompleto de la vejiga y esclerosis del detrusor.
d) Anomalías congénitas
de la implantación uretrovesical como: ureterocele, uréter ectópico de
implantación extravesical, divertículo paraureteral de Hutch y extrofia
vesical.
e) Obstrucción
cervicouretral, aumento de la presión intravesical y alteraciones de la
musculatura vesical propia de la vejiga de lucha, como en las valvas
uretrales, síndrome de Prune Belly, estenosis uretral y pólipos
vesicales.
Evolución
El reflujo primario puede desaparecer espontáneamente con el
crecimiento, especialmente en los primeros años de vida, por maduración
de la unión uretero-vesical y crecimiento en la longitud del uréter
intravesical. La evolución del reflujo secundario depende de la causa
de origen.
Las consecuencias del reflujo
sobre el riñón y la vía excretora son:
1. Infección urinaria:
sigue siendo la forma más frecuente de presentación del RVU. La
infección urinaria es favorecida en estos casos, ya que el reflujo
impide un vaciamiento vesical regular y completo.
2. Dilatación de la vía excretora:
mecanismo puramente mecánico, al aumentar el trabajo ureteral de
propulsar varias veces la misma orina y por una hiperpresión
retrógrada, llegando a dilatar el uréter, la pelvis y los cálices. Si
hay una gran dilatación de todo el tracto urinario superior en forma
persistente, incluso en la etapa de llenado vesical, se denomina
megauréter refluyente.
3. Nefropatía de reflujo:
son lesiones parenquimatosas renales asociadas a RVU se presentan
especialmente en los casos severos de reflujo y/o asociados a infección
urinaria. Se localizan predominantemente en los polos y se acompañan
frecuentemente de atrofia cortical segmentaria. A veces la atrofia
renal es global comprometiendo el tamaño renal y la función renal
relativa.
La nefropatía de reflujo
corresponde histológicamente a dos tipos de lesiones:
1. Pielonefritis crónica
como consecuencia de un reflujo vésico-ureteral infectado,
especialmente en aquellos con reflujo intrarenal. Cuando la papila es
cóncava, como ocurre en los polos del riñón, la desembocadura de los
túbulos colectores ocurre en forma perpendicular, permitiendo el paso
de orina y la invasión del parénquima por orina infectada. El daño
renal está presente en un 60% de los niños con reflujo y este puede
ocurrir a cualquier edad, siendo mayor en menores de 5 años. El daño
renal es más severo en varones, independiente del grado del reflujo, a
pesar que las mujeres presentan más infección urinaria recurrente.
El factor más importante
en el daño renal adquirido en el RVU es la presencia de infección
urinaria. Existen evidencias clínicas y experimentales de daño renal en
ausencia de infección urinaria, especialmente si hay un reflujo
intrarrenal, por transmisión de la presión intravesical al riñón, por
la vía excretora.
2. Displasia renal es el daño
congénito asociado a RVU; correspondería a una anomalía
embriológica en el desarrollo, por una alteración en la yema ureteral
con un inadecuado desarrollo del metanefro, caracterizado por la
presencia de elementos displásticos en las papilas y una
desorganización de la arquitectura en la corteza renal.
Causa de insuficiencia renal
En la población chilena de niños con insuficiencia renal terminal el
reflujo vésico-ureteral es la causa en el 13%. En un 38% de hipertensos
mayores de 15 años con daño renal existe el antecedente de reflujo
vésico-ureteral, principalmente aquellos que presentan daño renal
bilateral.
Bases del diagnostico
El diagnóstico de reflujo vésico-ureteral se hace con una uretrocistografía miccional
seriada (Figura 2), procedimiento ambulatorio sin
anestesia, realizado con un catéter fino colocado en vejiga vía uretra,
que permite visualizar la vejiga en etapa de llene y vaciado, descartar
la presencia de reflujo vésico-ureteral y mostrar la uretra durante la
micción. Es un examen dinámico, que para el diagnóstico de reflujo las
placas más importantes son las miccionales y las postmiccionales.
Permite descartar también malformaciones vesicouretrales asociadas,
propia de los reflujos vésico-ureterales secundarios.
Hay que diferenciar los
reflujos pasivos
presentes sólo durante el llenado vesical y los reflujos activos visualizados
durante la micción; este último es el reflujo patológico de alta
presión. Es indispensable realizar dos llenados vesicales durante este
examen y así disminuir la posibilidad de falsos negativos, existiendo
siempre un porcentaje no despreciable de reflujos vésico-ureterales que
no se visualizan a la uretrocistografía miccional.
Severidad del reflujo
La clasificación del Comité Internacional de estudio de reflujo (Figura
3), es la más usada en la actualidad; esta clasifica el reflujo
vésico-ureteral en 5 grados:
Grado I reflujo alcanza
solo el uréter,
Grado II compromete uréter y sistema colector superior sin dilatarlo,
Grado III con dilatación leve a moderada del uréter y la pelvis;
Grado IV tortuosidad del uréter con dilatación de la pelvis y los
cálices, eversión de los cálices y atrofia parenquimatosa,
y Grado V reflujo masivo con gran tortuosidad ureteral o la
presencia de reflujo intrarrenal o impresión papilar del reflujo.
La cistografía isotópica
es un estudio de imágenes con más baja irradiación a gónadas y un menor
porcentaje de falsos negativos que la uretrocistografía miccional
radiológíca convencional, pero no da información anatómica ni de la
vejiga ni de la uretra, indispensable en el estudio de varones y muy
útil en la evaluación de mujeres, ni permite graduar el reflujo; s
sólo lo clasifica en leve (I), moderado (II) o severo (III). (Figura 4).
La clasificación del
reflujo es uno de los más importantes factores en el pronóstico y la
toma de decisiones terapéutica, motivo por el cual es indispensable
realizar inicialmente la uretrocistografía miccional seriada en todos
los casos y reservar la cistografía isotópica sólo para el seguimiento
de estos pacientes y el estudio de hermanos de niños con RVU.
Actualmente se evalúa la efectividad de
realizar también el diagnóstico de reflujo por ultrasonido con
instilación vesical de una albúmina ionizada. En el 30% de los niños
con reflujo vésico-ureteral la ultrasonografía convencional es normal,
incluso en grados moderados y severos.
La cistoscopia permite
observar la longitud del trayecto submucoso del uréter, que normalmente
mide 5 mm en los recién nacidos y 14 mm en los adultos. Además la cistoscopia
determina el aspecto del meato ureteral, la posición del orificio
ureteral y la musculatura perimeatal (divertículo paraureteral o de
Hutch). Siendo un examen válido para definir la anomalía en la unión
vésico-ureteral presente en el RVU y en algunos casos definir el
pronóstico favorable a la resolución espontánea de este, es de poca
utilidad en la clínica, ya que requiere de una anestesia general.
La cintigrafía renal estática con
Tc-99m DMSA determina en los pacientes con RVU el tamaño
renal, la presencia de lesiones agudas del parénquima y/o cicatrices y
el porcentaje de función renal relativa del riñón afectado. Debe
realizarse en todos los pacientes con reflujo en su evaluación inicial,
ya que el daño renal es un factor importante en la consideración
terapéutica (Figura 5).
La urodinamia debe
reservarse para aquellos pacientes con la sospecha clínica o
radiológica de una disfunción vesical y en aquellos con falla al
tratamiento quirúrgico.