Tratamiento
del reflujo vesico_ureteral
Dra Paulina Baquedano

Tratamiento medico
La base del tratamiento del RVU primario es el tratamiento médico,
consistente en la profilaxis antibiótica (nitrofurantoína 2-3 mg/kg/día
o cefadroxilo 15 mg/kg/día), con el objeto de mantener la orina
estéril, en espera de la resolución espontánea del reflujo.
Sindrome de mala
eliminación
Esto debe acompañarse de un buen manejo de factores que condicionan la
persistencia del RVU y la presencia de infecciones urinarias
recurrentes como son la constipación, la disfunción vesical y la
micción infrecuente, lo que actualmente se denomina el síndrome de mala eliminación.
El tratamiento médico debe incluir exámenes bacteriológicos de orina
periódicos o frente a la sospecha clínica de una infección urinaria.
Un año de tratamiento
El tratamiento médico se mantiene durante un año, evaluando al cabo de
este plazo con una nueva uretrocistografía miccional seriada y
cintigrafía renal estática con Tc-99m DMSA. Si resuelve el reflujo se
suspende la profilaxis, o si al cabo de este tiempo el reflujo persiste
de grado igual o menor al inicial y no hay evidencias de nuevas
cicatrices a la cintigrafía renal estática con Tc-99m DMSA continuamos
un segundo y último año de tratamiento médico.
Por las características
de nuestra población y su sistema de salud, el tratamiento médico no lo
extendemos más allá de
dos años, salvo excepciones, ya que el abandono al
tratamiento y especialmente al seguimiento es muy alto.
Mejoría espontanea
La resolución espontanea está relacionada a la severidad del reflujo;
los reflujos grado IV o V tienen una resolución de cerca del 15% a 25%
en 4 años, el grado III un 40% de resolución y los grados I a II una
resolución del 80% en 5 años. La resolución para los grados leve a
moderado es de un 30% a 35% por año, siendo mayor en menores de un año,
especialmente en varones. La resolución espontánea disminuye
considerablemente después de los seis años y en general es más
frecuente en mujeres.
Reflujo en adolescentes varones
En el caso de RVU en adolescentes, en los varones sin daño renal y
asintomáticos no es obligatoria la corrección quirúrgica, ya que este
no trae consecuencias en el futuro. En cambio, en mujeres la cirugía
antirreflujo disminuye la incidencia de pielonefritis aguda durante el
embarazo y sus consecuencias en la morbimortalidad perinatal,
especialmente en aquellas con el antecedente de infecciones urinarias
recurrentes. Además evita los riesgos de preeclampsia e hipertensión en
mujeres con daño renal preexistente.
Tratamiento quirurgico
El tratamiento quirúrgico lo indicamos en mayores de 6 años, en reflujos
de alto grado (IV y V) o en pacientes con falla al tratamiento médico
(infección urinaria recurrente, mala tolerancia al medicamento o falta
de adhesividad al tratamiento). En ocasiones se indica una corrección
quirúrgica como primera alternativa terapéutica a reflujos de bajo
grado (III o menos) con importante daño renal (función renal relativa
<de 35% o insuficiencia renal) o en monorrenos.
La presencia de un doble
sistema pielocalicial (el reflujo del sistema inferior) o de un
divertículo paraureteral de Hutch no son indicaciones perentorias de
tratamiento quirúrgico, a pesar que la probabilidad de resolución
espontánea es menor, especialmente asociado a divertículo paraureteral.
El tratamiento quirúrgico del
reflujo vésico-ureteral consiste en:
1. Reimplante
vésico-ureteral consistente en la reconstitución de un trayecto
ureteral submucoso suficiente, de una longitud al menos 4 a 5 veces el
diámetro ureteral, según la regla de Paquin, con un buen apoyo muscular
posterior al detrusor y una amarra sólida del uréter distal al trígono.
Si el uréter está muy dilatado, debe ser remodelado (disminución de
calibre) en su porción intramural, para cumplir con la regla de Paquin,
ya sea por una resección o una plicatura de sus paredes, lo que permite
disminuir el calibre del uréter.
2. Ureterostomía cutánea o
vesicostomía; se utilizan estas derivaciones urinarias para reflujo
vésico-ureteral severo unilateral o bilateral respectivamente; en el
caso de menores de doce meses con reflujo masivo, sepsis urinaria,
monorrenos o insuficientes renales, ya que la cirugía del reimplante
vésico-ureteral no es aconsejable en este grupo etario, para evitar un
daño vesical permanente. Además la derivación urinaria en caso de RVU
permite en grandes megauréteres refluyentes disminuir el calibre
ureteral y así evitar muchos remodelajes del uréter, procedimiento que
expone la vascularización ureteral, aumentando la incidencia de
estenosis postoperatoria.
3. Nefroureterectomía
total en el caso de destrucción total del parénquima renal por
pielonefritis crónica o en una exclusión total por displasia renal.
El éxito de la cirugía
antirreflujo es superior
a un 95%, en la mayoría de las series. El resultado se
evalúa a los seis meses con una nueva uretrocistografía miccional
seriada o cistografía isotópica, manteniendo la profilaxis de
antibiótico hasta certificar la resolución del reflujo. Si persiste el
reflujo deben esperarse seis meses más para una nuevo control antes de
plantear una reintervención quirúrgica.
Las complicaciones de la
cirugía antirreflujo son: la persistencia del reflujo (2.5%) y la
obstrucción ureteral (4.2%); esta última es la más temida y requiere de
intervención quirúrgica una vez realizado el diagnóstico; las técnicas
extravesicales, las técnicas intravesicales con la confección de un
nuevo hiato y toda técnica que requiera de un remodelaje ureteral tiene
mayor porcentaje de obstrucción ureteral postoperatoria.
Existe un 10% a 15 % de
reflujo vésico-ureteral contralateral en el postoperatorio de una
cirugía antirreflujo, que en casi la totalidad se resuelve
espontáneamente, en el plazo de un año poscirugía.
Un 38% de los pacientes
en tratamiento médico presenta recurrencia de su infección urinaria, al
igual que el 39% de pacientes operados una vez que han suspendido su
profilaxis. La presencia de nuevas cicatrices (20%) es equivalente en
ambas modalidades terapéuticas, pero la incidencia de pielonefritis
aguda es significativamente mayor en el grupo con tratamiento médico
(21%) que con tratamiento quirúrgico (10%).
Otra alternativa
terapéutica actual para el RVU es el tratamiento endoscópico por la
inyección submucosa, bajo el meato ureteral para reforzar el piso, de
algún material como teflón, colágeno, bioplástico, condrocitos, etc. No
existe aún en el mercado farmacéutico el material ideal para este
procedimiento, ya que el teflón ha demostrado buenos resultados, pero
evidencias de migración de partículas a tejidos como sistema nervioso
central y pulmón, sin consecuencias clínicas. En cambio, el colágeno no
tiene efectos adversos como el teflón, pero es menos durable en el
tiempo. La línea de investigación clínica más prometedora es el
implante de condrocitos, producto de un cultivo celular in vitro.
Este tratamiento
endoscópico del reflujo debe considerarse una alternativa al
tratamiento médico, ya que sus mejores resultados son en reflujos leves
a moderados y por su variable permanencia en el tiempo, es una forma
alternativa a la resolución espontánea. La resolución del reflujo es
del orden del 75%, con una falla en la técnica de inyección del 4.5% y
una recurrencia del reflujo en dos años de seguimiento del 2.8%.
El tratamiento del RVU secundario
corresponde a la etiología de base.
Aproximadamente un 10%
de las hidronefrosis antenatal corresponde a reflujo vésico-ureteral;
este reflujo antenatal tiene características clínicas diferente. El 80%
corresponde a varones y dos tercios son reflujo vésico-ureteral
bilateral. El 80% de la series de reflujo antenatal son reflujos grado
III o más y más de la mitad de estos pacientes presenta, al nacer, daño
renal congénito o displasia, previo a una infección urinaria.
Aproximadamente el 20% de los grados severos se resuelven antes de los
dos años y el 25% de los niños va a presentar infecciones urinarias
recurrentes, a pesar de la profilaxis, durante los dos primeros años.
Se plantea en los niños menores de un año de edad el beneficio de una
circuncisión, período de la vida donde habría una directa relación
entre fimosis e infección urinaria