Anatomía de las defensas
Sistema Inmunologico
Nuestro cuerpo está constantemente expuesto a los agentes patógenos que pretenden entrar por la piel, por la boca, por la nariz, por los ojos y por los orificios del sistema respiratorio, digestivo y urinario. Muchos de estos microbios podrían causamos enfermedades si no fueran destruidos inmediatamente. Para esto tenemos un eficaz sistema cuya función es combatir a los microorganismos cuando quieren entrar en el cuerpo o cuando ya están dentro.
Se trata del sistema inmunitario, un equipo compuesto por glóbulos blancos, anticuerpos y otras proteínas que tienen la capacidad de defendemos de las enfermedades infecciosas. Esta capacidad recibe el nombre de inmunidad.
Los glóbulos blancos, entonces, son las células de la inmunidad. Los anticuerpos son sustancias producidas por los glóbulos blancos que se dedican a ello. Los dos juntos (glóbulos blancos y anticuerpos) forman lo que la voz popular, con toda razón, define como “las defensas”. En este capítulo estudiaremos las claves para entender cómo estas defensas realmente nos defienden de los microbios agresores.
Los glóbulos blancos y los anticuerpos
Los glóbulos blancos -como decíamos antes- son las células de la inmunidad. Los anticuerpos son sustancias producidas por los glóbulos blancos que se dedican a ello. En la sangre hay seis clases de glóbulos blancos, también llamados leucocitos:
Monocitos.Polimorfonucleares neutrófilos.
Polimorfonucleares basófilos.
Polimorfonucleares eosinófilos.
Polimorfonucleares en cayado (bandas).
Linfocitos.
Linfocitos
Para explicar los extraordinarios fenómenos relacionados con la inmunidad (es decir, con las defensas), nos interesan más que nada los Monocitos, los polimorfonucleares neutrófilos (los llamaremos sólo neutrófilos) y los linfocitos, tres clases de glóbulos blancos que estudiaremos ahora por separado.
Los Monocitos
Monocitos y macrófagos, entonces, son un mismo glóbulo blanco
Macrófago
Algunos monocitos están circulando en la sangre mientras que otros están esperando en los órganos por si tienen trabajo. Estos monocitos que están «quietos» en un órgano determinado reciben el nombre de macrófagos. Monocitos y macrófagos, entonces, son un mismo glóbulo blanco que cambia de nombre según donde esté. Su función es de una importancia capital: la fagocitosis.
¿Qué es la fagocitosis?
La fagocitosis es el proceso mediante el cual un monocito o un macrófago engulle a una bacteria o a un virus. Una vez que lo ha engullido, lo inunda con unos enzimas que tienen la propiedad de destruir al invasor.
Estos glóbulos blancos son más efectivos cuando están quietos (cuando son macrófagos) porque actúan de espías. Están en el pulmón, por ejemplo, esperando a que aparezca una bacteria o un virus para hacerlos desaparecer inmediatamente. Por este motivo se dice que son la primera línea de defensa contra la infección, pues están allí esperando como si estuvieran de guardia. Después de ellos aparecerán los neutrófilos y al cabo de una media hora llegarán más monocitos que se convertirán en macrófagos, y luego volverán a llegar más neutrófilos...
Hay macrófagos en el hígado, en el intestino, en la boca, en las amígdalas, en los ganglios, en la nariz, en la tráquea, en el pulmón, en el ano, en los genitales, debajo de la piel. Todos están allí, esperando, listos para fagocitar virus, bacterias o lo que puedan.
Los neutrófilos
Esta variedad de glóbulo blanco constituye la segunda línea de defensa contra cualquier infección. Están circulando en la sangre pero posen una gran rapidez que les permite salir al encuentro de una bacteria invasora o de un virus que se dispone a atacar. Será allí, frente a frente, donde los neutrófilos cumplan con su función primordial, que también es la fagocitosis.
Así como la capacidad fagocitaría de los monocitos y macrófagos es grande, la de los neutrófilos está limitada. Cada uno puede fagocitar y matar sólo entre 5 y 20 bacterias, luego muere con heroísmo en el cumplimiento de su deber. Para compensar esta limitación, el cuerpo humano puede disponer, en cuestión de minutos, de un número cada vez mayor de neutrófilos para sustituir a los que van muriendo en el campo de batalla.
Los linfocitos
Linfocitos
Los linfocitos componen una parte diferente de las defensas porque se ocupan de otros asuntos. Su actividad es lenta pero muy segura. La función de los linfocitos es entrenarse para conocer y reconocer a los microorganismos que entran en nuestro cuerpo. Sus funciones son:
Identificar a cualquier microbio extraño.Reconocer si es peligroso.
Saber si debe ser eliminado.
Recordarlo por si vuelve a venir.
En este plan de «aprender a conocer para destruir y para recordar», los linfocitos son extraordinariamente competentes y útiles. Al mismo tiempo que destruyen, insistimos, aprenden a reconocer al mismo microbio, y si regresa, lo volverán a destruir. Este mecanismo permite comprender, por ejemplo, por qué la varicela se pasa una sola vez en la vida. En virtud de haberlo aprendido durante la vida fetal, los linfocitos saben cuáles son las células pertenecientes a la persona en la que están. En otras palabras: los linfocitos reconocen como propio todo aquello que es nativo, original de la persona. Inversamente, reconocen como extraño todo aquello que no es propio del individuo: una bacteria, un virus, etc.
En esto de reconocer algo como propio o como extraño, los linfocitos dejan pasar muchas cosas: los alimentos, las medicinas, etc.
Todo aquello que los linfocitos reconocen como extraño recibe el nombre de antígeno. Por ejemplo: el virus de la varicela es un antígeno, el virus de la gripe es un antígeno, la bacteria salmonella es un antígeno (el polen es un antígeno para una persona alérgica al polen, pero no lo es para quien no lo sea).
Los linfocitos son aún más listos: no necesitan reconocer el virus entero para darse cuenta que es extraño, les basta con reconocer apenas una pequeña fracción de él, pues esa pequeña fracción sólo pertenece a ese virus ya ninguno otro más. O sea: los linfocitos saben que tal virus es el de la varicela porque han reconocido una pequeña fracción del virus, con la que tienen suficiente información. Si destruyen esa pequeña fracción, el virus queda tan gravemente lesionado que no puede seguir viviendo.
En la persona sana, los antígenos proceden del exterior del cuerpo humano y hacen reaccionar a los linfocitos. Pero los linfocitos no reaccionan, por ejemplo, frente a las bacterias y virus saprófitos: simplemente los dejan tranquilos.
Los linfocitos reaccionan de dos maneras distintas porque hay dos clases distintas de linfocitos. Los llamados «linfocitos B» reaccionan y trabajan de una manera, mientras que los llamados «linfocitos T » la hacen de otra. Ambos están circulando en la sangre, pero también se encuentran estacionados en algunos órganos, como los ganglios linfáticos, las amígdalas, el bazo y el intestino.
Linfocitos B
Imaginemos a un niña, que se llama María, e imaginemos también el virus de la varicela. María nunca tuvo varicela, es decir, los linfocitos de María no conocen el virus de la varicela. Un día, en el colegio, un niño se la contagia. En este caso, todas las madres saben que María tendrá varicela, pero también sabemos que no volverá a tenerla nunca más. La explicación de este fenómeno es la siguiente:
Los primeros en enterarse de la entrada del virus de la varicela en el cuerpo de María son los macrófagos. Los macrófagos los fagocitan, pero aun así, los virus pueden con ellos. La infección sigue adelante y se desarrollar por completo. Para desarrollar la infección se necesita el virus entero, pero para cumplir las funciones de antígeno bastará con una pequeña fracción, como comentamos antes.
Algunos macrófagos pasan el antígeno a los linfocitos B ya los linfocitos T. Los linfocitos B reaccionan aprendiéndose de memoria cómo es este antígeno llamado virus de la varicela. Luego se crea toda una familia de linfocitos B que recordarán exactamente cómo es este antígeno (la forma de reaccionar de los linfocitos T la comentaremos mas adelante).
De la familia de linfocitos B que recuerdan el virus de la varicela, unos pocos integrantes no hacen nada más: sólo vivirán para recordar. Pero si fuera necesario, estos pocos integrantes pueden dar lugar rápidamente a toda una familia de células exactamente iguales y con la misma información grabada a fuego en la memoria. Toda la familia de linfocitos B que se ha creado como consecuencia del virus de la varicela recibe el nombre de “clon". Esta familia de linfocitos B, que lo único que tienen que hacer es recordar, en este caso, el virus de la varicela, recibe el nombre de «células de memoria B".
Pero la mayoría de los integrantes del clon se dedican a otra cosa: a fabricar, anticuerpos a una velocidad rapidísima (unas 2;000 moléculas de anticuerpo antivaricela por segundo) hasta que la varicela se termine. Cada uno de los anticuerpos que se crean durante la varicela es un molécula diseñada especialmente para destruir virus de varicela, donde y cuando los encuentren. Todos los anticuerpos son grandes proteínas conocidas con el nombre de «inmunoglobulinas», de las que se conocen varias clases.
Los anticuerpos que han sido creados especialmente para ello buscan los virus de la varicela, los encuentran y los inactivan. Al final, entre los monocitos, los macrófagos, los neutrófilos, los linfocitos y los anticuerpos el ser humano combate exitosamente la varicela. De este modo, la pequeña María se curó.
Lo único que le queda a María de su varicela es el recuerdo. El recuerdo de haberla pasado más o menos incómoda, más o menos febril, con alguna complicación o sin ninguna. Pero también le queda algo importantísimo: las células de memoria B y un resto de anticuerpos.
Las células de memoria B se quedan circulando en la sangre para siempre. El resto de anticuerpos... ¿dónde están? De los anticuerpos que se usaron para luchar contra la varicela no quedó ninguno, todos se consumieron en la gran batalla. Pero luego fueron reemplazados por otros anticuerpos que están en menor cantidad, cuya eficacia es similar y cuyo destino es durar años y más años.
Al curso siguiente, otro niño pasará a María el virus de la varicela, pero rodos sabemos que no enfermará porque ocurren tres factores al mismo tiempo:
Fagocitan quienes tienen que fagocitar (macrófagos, monocitos y neutrófilos).
Los anticuerpos destruyen el virus porque ya se lo conocen de memoria.
Las células de memoria B fabrican cantidades suplementarias de anticuerpos iguales y crean nuevos linfocitos B que, a su vez, fabrican nuevos anticuerpos.
El sistema es efectivo: María no volverá a tener la varicela porque sus defensas destruyeron el virus apenas lo vieron entrar por segunda vez. Las defensas volverían a actuar de la misma manera todas las veces que fueran necesarias, todas las veces que María esté en contacto con un niño enfermo de varicela, para toda la vida.
¿Tenemos muchos anticuerpos dando vueltas en la sangre?
Poseemos cientos de miles. La gran mayoría se originaron tras haber pasado la enfermedad {con síntomas o sin ellos) y una minoría se originó gracias a las vacunas. Mediante el método correspondiente {análisis, prueba, reacción) se puede saber si una persona tiene anticuerpos contra muchas enfermedades infecciosas, aunque no todas. Si un individuo tiene anticuerpos contra una enfermedad infecciosa concreta en la sangre, significa, que su cuerpo estuvo en contacto con el germen que la produce. Esto ocurre en cuatro situaciones distintas:
Cuando el individuo ha sido vacunado.Si se está cursando la enfermedad en ese momento.
Si el individuo tuvo esa enfermedad en algún momento de su vida (lo recuerde o no lo recuerde, le haya dado síntomas o no).
Cuando se tiene el germen causante de la enfermedad dentro del cuerpo {aunque no le ocasione síntomas ni nadie recuerde de dónde salió; es lo que pasa con la tuberculosis, el herpes y el sida).
Ya se sabe lo peligroso que es para el feto si la madre adquiere la rubéola durante el primer trimestre del embarazo. Para saber si una mujer que quiere tener hijos pasó la rubéola bastará con efectuar un análisis de sangre para observar si tiene anticuerpos antirrubéola. Si los tiene, puede quedarse embarazada con toda tranquilidad porque significa que pasó la rubéola o fue adecuadamente vacunada. En ambos casos ya está liberada de la enfermedad para siempre.
Resumiendo lo expuesto hasta ahora:
Los linfocitos B fabrican anticuerpos en respuesta a un antígeno.Los anticuerpos son grandes proteínas llamadas inmunoglobulinas.
Los antígenos existentes son muchos y variados.
Si el antígeno procede del interior de la propia persona, nadie lo atacará.
La inmunidad ataca a los antígenos que vienen de fuera.
Cada anticuerpo sirve para atacar un antígeno, donde y cuando lo encuentre.
Los anticuerpos duran para toda la vida (pero hay excepciones),
Contra el tétanos hay que revacunarse cada diez años.
Linfocitos T
La forma de reaccionar y de trabajar de los linfocitos T es similar en algunos aspectos a la forma de reaccionar y trabajar de los linfocitos B. En otros aspectos, en cambio, es diferente. He aquí las características de los linfocitos T:
Los linfocitos T también reciben el antígeno que les pasan los macrófagos, se lo aprenden de memoria y luego algunos forman las «células de memoria T ».
Los otros linfocitos T pasan a la condición de linfocitos activados,..
Los linfocitos T activados recorren todos los rincones del cuerpo humano buscando el antígeno contra el cual han sido activados.
En el momento en que lo encuentran se unen firmemente a él y lo destruyen.
Si el mismo antígeno volviera a atacar en el futuro, las células de memoria T generarían más y más linfocitos T para que atacasen a los antígenos que osaron agredir otra vez. El ciclo se repite las veces que sea necesario.
Hay varias clases de linfocitos T. La que constituye el grupo más numeroso es aquella que reúne a los llamados “linfocitos T cooperadores» o «linfocitos T CD4-positivos» (también conocidos como helpers, en inglés). Algunos macrófagos también son «CD4-positivos»- La destrucción de las células CD4-positivas ocasiona terribles consecuencias sobre la capacidad del individuo de defenderse contra las infecciones.
¿Fallan las defensas?
A veces parece que sí, que las defensas fallan cuando una persona hoy tiene una infección, al próximo mes tiene otra, el siguiente otra más, y así sucesivamente. Pero no es un fallo del sistema inmunitario, ni es que las defensas resulten insuficientes. Entonces, ¿qué ocurre? Pueden ocurrir varias cosas, varias posibilidades pueden justificar esta situación. Hay dos etapas de la vida en que las personas tienen más tendencia a padecer una enfermedad infecciosa: la primera infancia y la vejez. Algunos niños, de pequeños, han sido un poco enfermizos, pero de más mayorcitos, de adolescentes y de adultos acaban siendo fuertes como robles. La explicación de este fenómeno es simple: el sistema inmunitario de los niños pequeños es inmaduro en sí mismo y aún no ha tenido oportunidad de fabricar todos los anticuerpos que debiera (así como el niño, en general, tiene que desarrollarse durante los primeros meses y años de su vida, las defensas, en particular, necesitan tiempo para desarrollarse completamente).
Por otro lado, algunas circunstancias personales favorecen las infecciones. Es el caso de los fumadores, los diabéticos, los niños que acaban de pasar la varicela, etc. Estos antecedentes deben ser considerados a la hora de preguntarse por qué ciertas personas repiten y repiten infecciones parecidas.
Asimismo, se debe considerar que hay enfermedades que pueden ser producidas por diversos gérmenes y, por la tanto, la podemos padecer una vez por cada uno de ellos: gripe, resfriado, faringitis, gastroenteritis, neumonía, meningitis, hepatitis. También hay algunas enfermedades que no logran generar un nivel adecuado de anticuerpos, Con lo que pueden volver a padecerse.
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Dr Pedro Barreda