
Lactobacillus La1 fuente: revista creces
En el intestino existen miles de millones de bacterias implantadas en la mucosa o simplemente flotando en su mucus. Se ubican especialmente en el intestino bajo. El rápido flujo del intestino delgado no es un lugar seguro para ellas, ya que son constantemente arrastradas por la corriente. Por el contrario en el colon las cosas son más lentas y allí florecen sin problemas. La cantidad de células microbianas es de tal magnitud, que supera en 10 veces el total de células de nuestro organismo (las células microbianas son de menor tamaño que las células del organismo). Se estima que su volumen varía entre 1 a 1.5 kilos. de nosotros mismos. Su importancia se puede valorar por lo que sucede en su ausencia.
Son parte de la vida del organismo.
Cuando animales de experimentación son criados sin microbios intestinales ya desde el momento de nacer, sus intestinos aparecen masivamente hinchados por disminución de las terminaciones nerviosas y fibras musculares que controlan su movimiento. Se afecta también su mucosa, dificultando la capacidad de absorción. Se inhibe el desarrollo del sistema inmunológico, lo que lleva a sucesivas infecciones que terminan con la muerte del animal. Si se restablece la colonización bacteriana, rápidamente se normalizan todas estas anormalidades.
Al nacer comienza

La colonización bacteriana del intestino comienza muy tempranamente, ya desde el momento de nacer. El intestino fetal no contiene bacterias, pero a poco de nacer, estas comienzan proliferar llegando a constituir un ecosistema, que por sus complejas funciones se ha considerado ser un órgano más del cuerpo humano. (Nuestra flora intestinal es parte de nosotros mismos). En los individuos sanos, a los dos años de edad, la biomasa (flora) alcanza una gran variedad microbiana, que siendo propia para cada individuo, se mantiene estable a lo largo de la vida.
2000 especies bacterianas diferentes a los dos años
En la actualidad,
mediante la determinación del DNA bacteriano (genoma bacteriano), ya ha
sido posible establecer que en el intestino existen más de 2000
especies bacterianas diferentes y se presume que en la medida que se
vaya clasificando la flora de nuevos huéspedes, esta variedad puede
llegar varios miles. (Science, vol.212, junio 2006, pág. 1355).
En su conjunto constituyen un genoma (número total de genes de un
organismo) 100 veces superior al nuestro. Las bacterianos intestinales
mediante sus genes codifican mediadores químicos, los que inducen
cambios metabólicos en las células de la mucosa en que están insertos
para que estas produzcan substancias nutritivas, especialmente
azucares, que ellas necesitan.
Activa ayuda mutua
A su vez mediante sus genes, ellas contribuyen con la producción micro nutriente que el organismo necesita, como es el caso de la vitamina K, o los isopropanoides. Por otra parte, los genes bacterianos ordenan la digestión de estructuras químicas provenientes de las plantas, como también inactivan substancias tóxicas y degradan estructuras vegetales que el organismo no está capacitado para hacerlo, como fibras y polisacáridos estructurales. Con ello incrementan la disponibilidad calórica hasta un 30%.
Un verdadero superorganismo
En realidad las
bacterias intestinales deben ser consideradas como un superorganismo,
en que se suman genes bacterianos y humanos en una actividad metabólica
conjunta. (El genoma de la flora microbiana
(microbiota), también nos pertenece) Proyectados
en el tiempo, pareciera que el genoma de los microbios intestinales ha
ido evolucionado en conjunto con el genoma humano, llegando a formar
una asociación de beneficio mutuo. (New Scientist, octubre 10, pág. 38,
2005)
La inmunidad en la mucosa intestinal
La mucosa intestinal no sólo es un órgano digestivo, sino que también
constituye la principal estructura inmunológica del organismo. Contiene
en su interior un rico tejido linfoide que constantemente esta
reaccionando frente a los numerosos antígenos que diariamente llegan
con los alimentos. Como
mecanismo defensivo, la exposición del intestino a
microorganismos que no son parte de su flora, desencadena una intensa
reacción inmune. Pero para que ello suceda es necesario que previamente
se haya instalado la flora
microbiana normal. A este nivel la homeostasis del
organismo necesita que el sistema inmunológico sea discriminatorio. Es
decir, que no responda al contacto de antígenos de los alimentos y
bacterias no patógenas, y que si lo haga frente a gérmenes patógenos u
otros agentes que puedan significar un peligro.
Antibióticos y prebióticos
Diversas experiencias han permitido sostener que la ingestión de
microorganismos exógenos no patógenos, ayuda y protegen a la flora
intestinal y al sistema inmune del organismo. Estas bacterias
beneficiosas para la flora se han denominado "probióticas"
en contra posición al término "antibióticos",
sustancias que las matan. Son bacterias capaces de sobrevivir al
tránsito del tubo digestivo, llegando a ejercer efectos beneficiosos,
tanto para la flora intestinal, como en el organismo huésped.
Los probióticos
ejercen también efectos beneficiosos para la inmunidad innata
intestinal, incrementando su protección frente a gérmenes patógenos.
Por ello son efectivos en el tratamiento de enfermedades inflamatorias
crónicas del intestino y en cuadros alérgicos. Al ingerirlos colonizan el
intestino y fortalecen el normal metabolismo de la misma. Entre
los gérmenes probióticos se encuentran varias cepas del genero Lactobacillus y bifidobacterium,
las mismas que se utilizan en los yogur.
Uno de ellos, el Lactobacillus johnsonil
(La1) tiene buenas propiedades de adhesión a la mucosa, potenciando
simultáneamente las respuestas inmunes del organismo, tanto locales
como sistémicas. Incluso recientemente se ha demostrado que impiden la
colonización de la mucosa gástrica por el bacilo Helicobacter pylori,
responsable de gastritis y úlceras gástricas en niños y adultos.
(J.Nutr.131, 2001, pág. 11065)
También se ha estudiado una cepa de bifidobacteria, muy efectiva en el
tratamiento de las diarreas infantiles y especialmente en las
provocadas por el rotavirus. Se trata de la bifidobacteria lactis (B. lactis),
que incrementa la producción de anticuerpos IgA en la mucosa intestinal.
Prebióticos
Más recientemente se ha acuñado el término de "prebiótico",
que no corresponde a organismos vivos, sino a substancias contenidas en
alimentos que poseen efectos benéficos para las bacterias del colon. Están presentes en las
achicorias, ajos, berros y cereales, como cebada, trigo y avenas.
Corresponden a estructuras de hidratos de carbono que formando cadenas
cortas y largas, no son digeribles. Dos de los más estudiados y ya
utilizados, son la inulina
y los fructooligosacáridos (FOS), derivados de la misma
inulina.
Bacterias benéficas
del intestino (bifidobacterias) los utilizan como elementos básicos que
necesitan para multiplicarse rápidamente y desplazar a bacterias
dañinas. Entre otras cosas, mejoran la absorción del calcio y son muy
útiles para prevenir infecciones gastrointestinales, ya sea en niños,
enfermos o ancianos.(Bacterias amigas pueden ser aún más amigas)
En resumen, se están comenzando a conocer en mayor profundidad las
complejas interacciones existentes entre la flora intestinal y el
organismo huésped. Con ello está siendo posible modular
diferentes cepas bacterianas de la flora intestinal lo que abre nuevas
posibilidades terapéuticas para alteraciones digestivas, alergias a
alimentos y fortalecimiento de procesos innatos, (New Scientist, Agosto
2007, pág. 34).
Fuente Revista Creces 2009 Dr Fernado Monckeberg
Fotos Pedro Barreda