Un paso decisivo, de la cuna a la cama
A simple vista no es una cuestión problemática: los niños crecen y en algún momento necesitan una cama, pero no siempre les gusta este cambio.
Hay pocas cosas que confieren al niño tan visiblemente el status de mayor como dormir en una cama grande. ¿y quién, a los dos años, no desea ser mayor? Lo malo es que en algunos momentos, y muy especialmente por la noche, también tiene sus ventajas seguir siendo chiquito. Además, la cuna es para muchos pequeños algo así como su nido, un amado y familiar amparo, casi una prolongación del vientre materno. De un lugar así, desde luego, no se los debe arrojar de repente y sin contemplaciones. Han de ser ellos mismos los que quieran dar el paso a la cama grande, por propia voluntad y con alegría.
Adiós cuna, adiós
Bienvenida, cama grande
A veces, hay que acelerar el abandono de la cuna porque ésta le está quedando tan pequeña al niño que su cabeza y sus pies chocan contra los barrotes. Incluso puede resultar peligroso que siga usándola por más tiempo: cuando ya está tan crecido que sabe salir de ella trepando por encima de la baranda. No todas las cunas son tan estables para permitir esta hazaña. y no es precisamente deseable que la cuna se vuelque justo cuando el niño se encuentra a horcajadas sobre la baranda. Desde el punto de vista físico, ha llegado el momento de pasar a una cama más grande cuando, estando el niño de pie, su pecho coincide con la altura de la barra horizontal superior. Claro que también hará falta presentarle al pequeño la cama como algo deseable y dejarlo participar en los preparativos. Será algo difícil permitir que la elija él, ya que a esta edad todavía no tienen mucha capacidad para discernir, pero sí nos puede acompañar cuando la compremos. Quizá la familia aproveche la ocasión para realizar algunos cambios en el cuarto infantil, momento idóneo para preguntarle su opinión sobre dónde quiere que se guarden sus muñecos o en qué pared le parece mejor su nueva cama. También puede ayudar a elegir sábanas. Como éstas no son duraderas como la cama, es bastante menos importante que prefiera un dibujo que no le guste especialmente a la madre.
Una pequeña fiesta
Por supuesto, el ritual de buenas noches al que el niño está acostumbrado, se mantendrá también en la nueva cama. y el osito de toda la vida 'participará naturalmente en el traslado. Quizá incluso podamos elegir algún día especial para así. Poder celebrar el gran acontecimiento. Así festejado, el cambio de la cuna a la cama no será un problema, sino un hito feliz en el camino de nuestro hijo para hacerse, definitivamente, mayor.