Hasta hace poco se creía
que los niños eran seres con un cerebro prácticamente en blanco. Hoy
está claro
que este órgano es insuperable en neuronas y conexiones, cuya actividad
duplica
con facilidad a la del adulto.

Son
más que una
cara tierna e inocente, que ríe o llora al capricho de sus necesidades.
Hasta
hace un tiempo, los científicos creían que las guaguas eran seres
irracionales,
debido a que tenían un pensamiento y experiencia muy limitados. Algo
así como
un cerebro o un cuaderno en blanco, donde está todo por escribir.
Una
visión que
ha cambiado radicalmente: los niños aprenden más, son más creativos y
experimentan el mundo que los rodea más intensamente que los adultos.
Esto
porque tienen más neuronas y más conexiones que los mayores, y menos
sustancias
que frenen el trabajo de sus circuitos nerviosos. Algo que explica que
sean
capaces de aprender una cantidad sorprendente de información, en un
tiempo
relativamente corto.
"El
cerebro de un niño de 18 meses está bullente de actividad y, de alguna
forma,
está más consciente del mundo que los adultos", dice Alison Gopnik,
sicóloga de
Gopnik
es
autora del libro "The philosophical baby", que se publicará en agosto
próximo, donde reivindica las capacidades del cerebro infantil.
Algo
no menor
si tenemos en cuenta que en el mundo médico era algo establecido que
los recién
nacidos no podían sentir dolor igual que los adultos, ya que sus
nervios no
estaban maduros. Por esta razón, y aunque cueste creerlo, hasta los
años 70 y
80, los niños eran operados sin anestesia, cuando en realidad,
comparativamente, requieren más que los adultos, ya que tienen más
actividad
nerviosa que se debe silenciar.
LABORATORIO DE IDEAS

Enfocarse
en un
aspecto limitado de la realidad y desconectarse del resto del mundo es
lo que
hacen a diario los adultos para poder trabajar y producir. Algo que
para un
bebé es imposible de hacer, ya que su cerebro está permanentemente
inundado de
sensaciones y estímulos que lo mantienen abierto a todo lo que proviene
del mundo
exterior.
Esta
característica tan propia de los primeros años de vida, se sabe hoy que
es
imprescindible para que las personas talentosas desarrollen su
creatividad y
busquen soluciones novedosas a los problemas.
Por
esta razón,
el no tener un propósito es una ventaja de los niños, por lo que
representan
algo así como "el departamento de Investigación & Desarrollo de
la
especie humana", dice Gopnik. Ella compara el hecho de ser una guagua
con
estar viendo una película apasionante o estar de turista en una ciudad
extranjera, donde hasta las actividades más triviales parecen nuevas y
atractivas. "Para un niño, cada día es como ir a París por primera vez.
Es
cosa de dar un paseo con un niño de dos años. Pronto uno se da cuenta
de que él
ve cosas que ni siquiera habíamos notado", explica.
Esto
último
representa una ventaja evolutiva para los humanos. No existe otra
especie cuyos
hijos nazcan tan desamparados y que requieran tanta inversión de tiempo
y de
cuidados de parte de sus padres. Esto les da la libertad para que
puedan
explorar su entorno, aprender e incluso imaginar otros mundos, todo lo
cual les
servirá para su vida futura. Y, de paso, también enriquece la de sus
ocupados
padres. Sólo un dato: a los tres años, la actividad cerebral del niño
más que duplica
a la del adulto, algo que se mantiene así hasta la pubertad.
ENRIQUECER EL CEREBRO

Hoy
se sabe que
a medida que el bebé comienza a ver mejor, explora su ambiente e
interactúa con
los mayores, las neuronas transmiten de ida y vuelta impulsos nerviosos
que van
fortaleciendo ciertos circuitos. Al mismo tiempo se produce un proceso
denominado "poda", en que las redes que no se usan van muriendo.
Hasta la edad de tres años se producen más circuitos nuevos que los que
mueren.
Entre los tres y los 10 años, el nacimiento y la desaparición de
circuitos se
equilibra para, luego, ser más los que se eliminan que los que se crean.
Entonces
es
fundamental que a un niño se le brinde una estimulación plena, con el
fin de
que su desarrollo sea óptimo. Según Gopnik, lo importante es que los
padres
conozcan a sus niños y no que los traten de cambiar. Para ello la
ciencia
entrega una serie de sugerencias de crianza basadas en la evidencia
existente.
La
clave es
enriquecer -sin sobrecargar- el ambiente del niño, como, por ejemplo,
leerle en
voz alta, hasta que sea capaz de hacerlo por su cuenta. También es
bueno
animarlo a jugar y explorar, sin forzarlo a usar determinado juguete
cuando,
quizás, él o ella prefiera entretenerse con la caja del envase. Esto,
porque el
valor educativo de un juguete se lo da el uso que hace el niño de él y
no su
costo o la "investigación" que hay detrás. Además, se recomienda
minimizar la televisión y alentar el ejercicio al aire libre, ya que su
cerebro
se beneficiará de un aumento en el flujo de sangre y oxígeno.
La
variedad de
juegos, actividades y ejercicios permite que una mayor cantidad de
circuitos
nerviosos se fortalezcan. Cuando la estimulación es pobre, los
circuitos que se
consolidan se reducen y la poda se hace más abundante. Un desperdicio
si
pensamos que el cerebro de los niños es la máquina de aprendizaje más
poderosa
que se conozca.

HASTA
3 AÑOS
Se
crean más vías nerviosas de las que se destruyen
ENTRE
3 Y 10
La
aparición y desaparición de redes se equilibra
SOBRE
LOS 10
Mueren
más vías neuronales de las que se crean
DESDE
LOS 3
Años
y hasta la pubertad, el cerebro tiene el doble de actividad que en el
adulto.
¼ del peso del cerebro tiene al nacer el del niño, en tanto representa un 75% del cerebro adulto.
F: La tercera Tendencias
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Pedro Barreda