La hepatitis A dejó de ser una cosa de niños

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Pese a que esta infección se asocia a la infancia, la cantidad de casos en jóvenes y adultos alerta sobre la necesidad de tomar precauciones.
En un paseo de fin de semana al litoral central, consumir un cebiche con ostras cocidas con limón, puede ser causa del riesgo de padecer hepatitis.
 

La hepatitis A, una enfermedad que suele asociarse a los niños, pero que cada día afecta a más jóvenes y adultos.
 



Una ordenanza del Servicio de Salud Metropolitano Central, titulada Alerta sobre situación epidemiológica de Hepatitis A, reveló que hasta la semana 30 de 2002, el número de casos notificados superaba en 74% a los registrados el año anterior.


Maipú fue la comuna más afectada, con casi la mitad de los casos, coincidiendo con los numerosos anegamientos e inundaciones que experimentó tras los temporales de mayo y junio. Pero lo curioso fue que la cantidad de diagnósticos de hepatitis entre 15 y 34 años sumaron el 44,6% del total, frente al 47,1% de los menores de 15.

Mayores en riesgo
El contagio de la hepatitis A es oral, a través del consumo de alimentos o líquidos que contengan heces infectadas con VHA.

A principios de los 90 el ministerio de Salud lanzó una campaña contra el cólera, que llamaba a hervir y cocer todos los productos extraídos del mar o que crecen bajo tierra (tubérculos), además de lavar cuidadosamente los alimentos que se cultivan a ras de suelo, junto a los canales de regadío. De esta forma se desterró el cólera, pero también las fuentes infecciosas del VHA.

Una de las propiedades de esta enfermedad es que el organismo genera anticuerpos (IgG VHA) luego de padecerla. Es decir, se padece sólo una vez. Pero en muchos casos los síntomas no son visibles. En los niños, por cada caso de hepatitis A diagnosticada, existen 8 a 10 que la presentan en forma asintomática.

El punto es que las campañas de salud pública contra el cólera cortaron la cadena de contacto con el virus, y con ello la posibilidad de desarrollar anticuerpos naturalmente. Si bien esto llevó a disminuir los casos de enfermedad a su mínimo histórico entre 1998 y 2000 - cuando la proporción se estabilizó bajo los 100 casos por 100 mil chilenos- , dejó desprotegido a un grupo amplio de población.

Un estudio publicado por los facultativos de Clínica Las Condes demostró que entre la población de estrato económico alto, el 82% de los jóvenes de 10 a 20 años nunca tuvo hepatitis A y carece del anticuerpo natural, así como el 59% entre 21 y 25 años y el 38,5% entre 26 y 32. Es decir, son potenciales víctimas de una enfermedad que se complica con la edad y que no ha desaparecido.

Se reconoce que hay muchos países que han pasado por lo mismo. La hepatitis no se acaba, sino que disminuye y empieza a afectar a gente de mayor edad. Toda las semanas se ven casos de VHA en gente de 30, 40 y 50 años.

En su versión tradicional, la hepatitis A suele aquejar por un lapso de dos a cuatro semanas. Sin embargo, este plazo se puede extender por recaídas durante el reposo.

En los adultos el caso requiere cuidado porque, además de producir un prolongado ausentismo laboral, la hepatitis A, en edades mayores, tiene una evolución más compleja. Puede ser más prolongada, o tener recaídas y formas graves como la hepatitis fulminante, que prácticamente obliga a un trasplante de hígado.

Dieta mítica
Habitualmente el tratamiento se asocia a majaderas raciones de cabellos de ángel, arroz blanco y hierbas, pero hoy los especialistas concuerdan en que el enfermo tiene un mejor pasar.

Se recomienda una dieta liviana. Pero como la persona está inapetente, hay que procurar que coma suficiente, negociando con las comidas que le gustan. El régimen está pasado de moda. Se recomienda alimentación sin grasas para evitar molestias al paciente.


El precio de la tranquilidad

Pese a su costo, la inmunización contra la hepatitis es una buena inversión. En Chile, pocos pueden considerarse fuera de peligro.
Aunque la prevalencia del anticuerpo IgG del virus de la Hepatitis A, única defensa del cuerpo contra la enfermedad, cayó drásticamente desde mediados de la década pasada, el desarrollo de la genética aportó inmunización contra esta enfermedad.

Si bien las vacunas contra la hepatitis no se colocan en forma pública, nada impide que si uno compra la dosis, pueda aplicársela en el vacunatorio de un hospital. El valor de cada inyección de Twinrix, que aporta inmunidad hacia el virus de las hepatitis A y B, oscila entre los 14 y 18 mil pesos en versión infantil y entre 20 y 30 mil, para adultos, y requieren orden médica.

En ambos casos se necesitan tres dosis suministradas en el brazo y la mitad de la dosis en la cara anterolateral de la pierna de los bebés. Si la primera se pone el próximo lunes, la segunda sería treinta días después y la tercera, al cabo de seis meses. Debe posponerse la aplicación en personas que padecen alguna enfermedad febril.

Varios establecimientos privados cuentan con la vacuna: Universidad Católica, Clínica Alemana, Santa María, Las Condes e Indisa. Además se puede acudir a los vacunatorios del Servicio de Salud Santiago Oriente (Hospital Salvador) y farmacias Ahumada y Cruz Verde.

Parientes peligrosos
La hepatitis A no tiene consecuencias fatales (a excepción de los casos fulminantes); son sus variantes B y C las que revisten mayor peligro. El VHB se propaga a través de las relaciones sexuales, contagio vertical (madre al hijo), compartir agujas para inyectarse drogas, hacerse tatuajes y perforaciones, pincharse con agujas infectadas (razón por la que el personal de salud está vacunado por ley) y compartir cepillos de dientes o máquinas de afeitar con un portador.
 

La hepatitis B tiene un alto número de portadores; de ellos menos del 10% la padece en forma crónica. En Chile, las estimaciones hablan de entre 100 y 150 mil casos, de los cuales el 80% desconoce su afección.




El peligro está en que la enfermedad se mantiene asintomática por años, y la tardía reacción sólo deja al trasplante como alternativa. Es la segunda causa mundial de cáncer y suma dos millones de muertes por año.

Según trascendió, el ministerio de Salud estaría evaluando la introducción de Infanrix Hexa dentro del calendario de vacunación de menores, una dosis que se inyecta después del año de vida y protege de la difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B, poliomielitis e influenza.

Pese al alto costo de cada dosis, países como Bolivia, México, Brasil, Nicaragua y Perú, entre otros, ya la implementaron, siguiendo la recomendación de la Organización Mundial de la Salud.

El caso de la hepatitis C es de mayor riesgo ante la inexistencia de una vacuna preventiva. Se contagia de la misma forma que el VHB, a excepción de la vía sexual, y tiene similares consecuencias, pese a que actúa en forma más rápida.


 

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dr pedro barreda