Las Enfermedades del Viajero
Hepatitis
A
Chile

La hepatitis A es una infección aguda del hígado producida por el virus
de la hepatitis A (VHA). Cualquier persona que no haya sufrido
previamente la infección o que no haya sido vacunado está en riesgo de
contraer la enfermedad, que puede aparecer de forma aislada o en forma
de brotes epidémicos. La mejora de las medidas de higiene ha reducido
el número de casos, pero como consecuencia ha aumentado el número de
personas 'en riesgo' de contraerla.
Modos de transmisión
El VHA se transmite por vía feca-oral, ya sea por contacto de persona a
persona o al llevarse a la boca cosas (lapiceros, dedos, cigarrillos,
vasos) o alimentos, que aunque puedan parecer limpias han sido
contaminadas con heces de una persona infectada con el VHA. Los
moluscos crudos o al vapor son una fuente frecuente de transmisión.
El contagio persona a persona se da sobre todo en niños y adultos con
hábitos higiénicos insuficientes. Cuando el contagio es a través de
alimentos puede dar lugar a brotes epidémicos.
Riesgo de contagio
Por contacto en el hogar con una persona infectada.
Contacto sexual con personas infectadas.
Personas que viajan a países donde la hepatitis A es común.
La población de más riesgo son los niños o adolescentes en países en
desarrollo. Sin embargo, a esta edad la infección no suele ser grave.
Se estima que más del 50% de la población mayor de
40 años posee
anticuerpos IgG contra el VHA.
En los países mediterráneos la hepatitis A ha dejado de ser una
enfermedad de la infancia y ha pasado a ser más bien de adultos
jóvenes, ya que menos del 20% de las personas con unos 20 años tienen
anticuerpos que indiquen infección pasada. Hace unos años este
porcentaje era mucho más alto.
En los países desarrollados la hepatitis A se da con más frecuencia en
adultos que no pasaron la infección en la infancia y a esta edad sí
puede tener más complicaciones.
Los individuos con hepatitis A son contagiosos desde
tres a 12 días
antes de que comiencen los síntomas, hasta un par de semanas después.
Signos y síntomas
El curso clínico de la infección consta de cuatro periodos:
incubación, pródromos, estado y
convalecencia.
El periodo de incubación es el tiempo entre la exposición al virus y la
aparición de los primeros síntomas. En la hepatitis A oscila entre
15 y 50 días.
El periodo prodrómico
comprende el tiempo en el que surgen los síntomas antes de la ictericia
o coloración amarillenta de la piel. Generalmente dura de t
res a cinco días,
pero puede prolongarse varias semanas o incluso no estar presente,
dependiendo de los casos. El afectado suele encontrarse cansado, sin
hambre, con pérdida de olfato. Los pacientes que fuman también
experimentan pérdida de las ganas de fumar. A veces hay náuseas y
vómitos. Muchos individuos sienten dolor en el lado derecho del
abdomen, con sensación de que la tripa se ha hinchado y otros presentan
diarrea. En ocasiones también hay dolor de cabeza e incluso urticaria.
La fiebre puede alcanzar los 39ºC, sin escalofríos que sólo dura uno o
dos días.
El diagnóstico
raramente se sospecha hasta que el paciente empieza a tener un cambio
en el color de la orina, que se vuelve oscura, parecida al coñac,
mientras que las heces se vuelven más claras.
Algunas personas con la infección del virus de la hepatitis A pueden no
presentar signos o síntomas de la enfermedad, lo que se denomina 'i
nfección asintomática'.
También puede pasar desapercibida si se tienen síntomas muy leves. Las
personas mayores cuentan con más riesgo de desarrollar síntomas que los
niños.
Cuando la piel se vuelve de color amarillo el paciente,
paradójicamente, suele encontrarse mejor, ya que pueden desaparecer la
mayoría de los síntomas presentes durante el periodo prodrómico. Sin
embargo el cansancio permanece. La intensidad de la ictericia es
variable y puede oscilar entre una leve coloración amarillenta de los
ojos hasta un intenso color amarillo verdoso de piel y mucosas.
La ictericia dura entre
dos y seis semanas. Durante este tiempo el paciente suele
perder peso, incluso los que conservan el apetito. Cuando el afectado
empieza a perder el color amarillo se comprueba una recuperación de la
sensación de bienestar y apetito, así como una normalización del color
de la orina y las heces.
El periodo de
convalecencia se inicia con la desaparición de la
ictericia. Con frecuencia el paciente está todavía más cansado de lo
habitual. Si los síntomas están presentes, éstos usualmente ocurren de
repente y pueden incluir fiebre, cansancio, pérdida del apetito,
náuseas, malestar abdominal, orina oscura e ictericia (piel y ojos
amarillos). Los síntomas usualmente duran menos de dos meses. A unas
pocas personas la enfermedad les dura hasta 6 meses.
La complicación más temida de la hepatitis vírica es la
hepatitis fulminante.
Puede darse hasta en un
1%
de los adultos que tienen una hepatitis A. Algunos individuos tienen
síntomas de gravedad desde el principio del cuadro, pero en otros
empieza como una hepatitis común, de forma que la ictericia y el
malestar general van aumentando con los días, en vez de mejorar.
Aparecen entonces los vómitos y la obnubilación. En los análisis de
sangre se ve como la coagulación se altera mucho, lo que lleva a riesgo
de sangrado. La mortalidad de esta complicación puede llegar al 70% y
en ocasiones la única solución es el trasplante.
Diagnóstico
El diagnóstico de la hepatitis A se establece por los síntomas del
paciente, la historia clínica, las alteraciones analíticas, y se
confirma con el resultado de los análisis de sangre. Es necesaria una
prueba de sangre (
IgM
anti-VHA) para diagnosticar la hepatitis A. Debe tenerse
en cuenta que el resultado de estos anticuerpos pueden ser positivos
hasta 12 meses después de haber pasado una hepatitis A.
Efectos a largo plazo
No hay infección crónica (a largo plazo), es decir que los pacientes
que superan la enfermedad aguda no tienen secuelas de la misma. Además,
una vez que haya sido infectado con la hepatitis A no puede contagiarse
otra vez. No hay portadores crónicos de la enfermedad, es decir que
solo se transmite a partir de personas con infección aguda, sintomática
o asintomática.
T
ratamiento
No existe tratamiento específico de la hepatitis A. La hospitalización
raras veces es necesaria en la hepatitis vírica aguda de curso normal.
El aislamiento de los pacientes es un a medida prácticamente inútil, ya
que el periodo de contagio se produce durante la fase prodrómica,
cuando no hay diagnóstico. Sin embargo es necesario asegurarse del
cumplimiento de las medidas higiénicas mínimas.
El reposo en cama sólo se indica cuando el paciente tiene mucho
cansancio, pero luego es innecesario.
La dieta se ha mitificado mucho. Ni las dietas hipercalóricas, ni la
restricción de grasas están justificadas. En la fase inicial, cuando
muchos individuos tienen poco apetito o nauseas, puede haber
dificultades para la alimentación, y los zumos de frutas azucarados y
las bebidas gaseosas suelen ser mejor tolerados que los alimentos
sólidos.
La dieta debe ser bien equilibrada, con hidratos de carbono, proteínas
y grasas. Las grasas no son perjudiciales para el hígado, aunque a
algunos pacientes les pueden producir diarrea. En estos casos es el
convaleciente el que debe regular la composición de la dieta, evitando
los alimentos que no tolera.
El resto del tratamiento debe ir orientado a controlar los síntomas:
vómitos, estreñimiento, insomnio...etc.
Es importante tranquilizar al paciente diciéndole que en la mayoría de
los casos el curso de la enfermedad es benigno.
Prevención
Extremar las medidas higiénicas en las casas donde haya pacientes con
hepatitis. Hay que lavarse las manos siempre después de ir al baño,
cambiar un pañal.
Cuando se da un caso en una jardin infantil es conveniente prescribir
gammaglobulinas a todos los demás niños o personal si no han sido
vacunados previamente.
La inmunoglobulina ofrece protección a corto plazo contra la hepatitis
A. Puede ser administrada antes y dentro de las 2 semanas después de
haber estado en contacto con el VHA.
La vacuna de la hepatitis
A ofrece la mejor protección.
Vacunación
La vacuna se recomienda para las personas de 12 meses de edad en
adelante. Los efectos secundarios son poco frecuentes, aunque algunos
pacientes refieren que tres a cinco días después de la vacunación les
puede aparecer dolor local en la zona de la inyección, dolor de cabeza,
pérdida de apetito, cansancio. En un pequeño porcentaje de casos puede
aparecer una alergia a los pocos minutos de la vacunación.
Es una vacuna que contiene virus inactivados. Tiene un grado de
respuesta cercano al 100%, inmunidad duradera y eficacia protectora. La
aparición de anticuerpos protectores en la primera dosis es del 95% y
cercano al 100% en la segunda. Los niveles de anticuerpos son 200 veces
mayores a los conseguidos con Inmunoglobulinas. Estos niveles darían
una protección de unos 20 años como mínimo.
¿Quién debe vacunarse?
Un infectado puede transmitir su enfermedad, por lo que es importante
tomar ciertas precauciones para evitar que esto ocurra.
V
iajeros a áreas con
tasas elevadas de hepatitis A.
Personas con problemas de coagulación (p.ej. hemofilia).
Personas con enfermedad crónica del hígado.
Personal de jardines infantiles.
Trabajadores den contacto con aguas residuales no depuradas.
Personal sanitario.
¿Quién no debe vacunarse?
Personas con alergia a la vacuna contra la hepatitis A.
Las personas con enfermedades moderadas o graves deben esperar hasta su
recuperación para recibir la vacunación.
Mujeres embarazadas: no se conoce con seguridad el efecto de la vacuna
en el embarazo.
Existe una vacuna combinada de la hepatitis A y la hepatitis B que se
puede administrar de forma conjunta.
Pautas de vacunación
Las pautas de vacunación habituales son:
Para la vacuna frente a hepatitis A: 2 dosis (0, 6- meses).
Para la vacuna combinada frente a hepatitis A y B: 3 dosis (0, 1, 6
meses).
Se da un pinchazo en el brazo (deltoides).
Antes de la vacunación se aconseja hacer determinación de anticuerpos,
para ver si el individuo ya ha padecido la enfermedad, en individuos
mayores de 25 años en los países desarrollados, dado que como se ha
comentado previamente, un alto porcentaje de estos individuos son
inmunes por haber pasado la hepatitis, incluso aunque no se hayan dado
cuenta de ello (en muchos casos puede pasar desapercibida). De todos
modos, si se vacuna a un individuo que previamente ha sufrido la
enfermedad no ocurre nada.