EN LA ESCUELA
Si la escuela es el lugar adecuado para dispensar una información objetiva sobre las diferentes áreas de conocimiento que conforman el saber, es lógico suponer que también debe ser el ámbito en el que se desarrolle la vertiente informativa de la educación sexual. En este aspecto, resulta lamentable ver los escasos medios con los que las escuelas de algunas poblaciones cuentan para esta tarea. Así, por ejemplo, en los manuales escolares de algunos centros el ser humano todavía aparece representado como una forma asexuada, y el fenómeno de la reproducción termina en la margarita y el caracol. Es necesario insistir en que, para poder abarcar la sexualidad en toda su realidad afectiva y científica, es necesario que la educación sexual sea obligatoria para todos los niños y que se halle integrada en el programa escolar. También es necesario que el educador pueda ofrecer un clima de naturalidad, franqueza y respeto ante las preguntas y dudas de cada alumno. Y, si es imprescindible que la escuela proporcione la más sólida formación e información sobre estos temas, ello no disminuye en absoluto la extrema importancia de la función de los padres en la educación sexual de sus hijos, ni la sustituye en ningún caso.
LAS CLASES DE EDUCACIÓN SEXUAL
Los objetivos de la educación sexual escolar y la familiar son distintos Fundamentalmente, podría decirse que los educadores cumplen una función formativa, no normativa, lo que significa que deben proporcionar a los niños y niñas una información objetiva, y fomentar en ellos una actitud abierta y respetuosa con las opiniones de sus compañeros, pero no suministrar juicios de valor o condenar determinadas opciones en función de una determinada ideología, creencia o convicción moral Para ello, es necesario que el educador muestre también una actitud abierta y respetuosa debe escucharlos con respeto, sin burlas ni regaños; ha de desculpabilizarlos en cuanto a su propia curiosidad sexual y hacerles comprender que sus inquietudes son perfectamente naturales, alentándolos así a vencer su temor a dialogar con sus padres.
Para ofrecer una información amplia, sin prejuicios y correcta desde la perspectiva científica, el educador puede servirse de libros, vídeos, gráficos.
En las ocasiones en las que el tema a tratar parezca especialmente polémico, puede considerarse la posibilidad de invitar a clase a un especialista.
Por mucha información que se suministre, los alumnos siempre tienen la sensación de que necesitan saber más Por ello, su participación resulta fundamental.
FUERA DE LAS AULAS
Las actividades deportivas y las salidas extraescolares favorecen la normalización de la relación entre niños y niñas, por cuanto que proporcionan un mejor conocimiento mutuo y permiten disipar la tensión que causan los recelos y los prejuicios sobre el otro sexo Así, por ejemplo, las salidas grupales en viaje de colonias, fin de curso o excursiones a la montaña propician situaciones de convivencia en las que es imprescindible superar situaciones concretas tales como vestirse y desvestirse en la habitación o la tienda de campaña, lavarse y repartirse las funciones domésticas.
Estas actividades fomentan en cada chico y chica el desarrollo de sus potencialidades como persona el compañerismo, el respeto mutuo y el sano interés por disfrutar con juegos en compañía del sexo contrario Si este tipo de actividades le son prohibidas por sus padres, limitan la posibilidad que tiene el niño de cultivar la socialización, imprescindible para una mejor evolución emocional. En cambio, si se le estimula a participar en ellas, se evita el aislamiento social, el temor y desconfianza hacia el otro sexo.
Las excursiones al campo facilitan el conocimiento entre niños y niñas y permiten la normalización de sus relaciones.
Muchos prejuicios sobre las diferencias entre las capacidades físicas de los niños y las niñas se desvanecen al participar conjuntamente en actividades deportivas.
Dr. Pedro Barreda