RUIDOS
Y PROBLEMAS

Un tercio de los jóvenes se expone a ruidos riesgosos para su salud
Escuchar el MP3 o el iPod durante una hora a
máximo volumen
es lo mismo que exponerse al ruido de una podadora de pasto o a una
motosierra, con la diferencia de que quienes trabajan con esas máquinas
lo hacen con protectores en sus oídos.
Es verdad que uno es un ruido muy desagradable y el otro música que
relaja, pero el daño auditivo que pueden producir es similar. De hecho,
un estudio realizado por investigadores de la Universidad Católica
estableció que el
30% de
los adolescentes capitalinos se expone a intensidades
sonoras que son consideradas de riesgo laboral.
O sea, están un promedio de 40 horas semanales escuchando música a
85 decibeles o,
incluso, más.
Es como estar todo ese
rato conversando a gritos.
"Eso significa que esos jóvenes tienen una mayor probabilidad de daño
de su función acústica", explica el doctor David Jofré, investigador
jefe del estudio y especialista del Servicio de Otorrinolaringología de
la Universidad Católica.
Un porcentaje, agrega, que aún es menor al que se encontraron en
estudios en Finlandia y en España, donde el 65% y el 50% de los
jóvenes, respectivamente, estaban expuestos a ruidos mayores a
85 decibeles.
Ambos países, al menos, tendrán una solución a mediano plazo, porque la
Comisión Europea está preparando normas técnicas que obligarán a los
fabricantes de reproductores de música a fijar un volumen máximo no
superior a los
80 decibeles
(similar al ruido del reloj despertador).
Demasiado alto
El estudio de la UC indagó en las conductas "auditivas" de 243
estudiantes, de una edad promedio de 17 años, el 70% de ellos alumnos
de 3° y 4° medio de colegios particulares pagados y el 30% alumnos de
2° año de Medicina. Y se encontró con que todos ellos practicaban una o
varias actividades ruidosas a lo largo de la semana. Lejos, las más
ruidosas son los conciertos de r
ock
y las discotecas, cuyo sonido ambiente fluctúa entre los
84 y los 125 decibeles.
Quienes asistían a estos
lugares permanecían un promedio semanal de 2 a 4 horas.
Las actividades más frecuentes eran ver televisión y escuchar música en
sus MP3 o iPods. A la primera le dedican 12 horas a la semana, tiempo
en el que se exponen a sonidos de entre
70 y 100 decibeles.
En la segunda, en tanto, se pasan 10 horas a la semana en las que sus
oídos soportan entre
85 y
120 decibeles.
"Generalmente, después de exponerse a ruidos intensos durante un par de
horas, terminan con los oídos abombados y escuchan una especie de ruido
parecido a un pito (tinnitus) que significa que tuvieron un
daño auditivo",
explica el especialista.
La exposición frecuente y reiterada va provocando un daño que se hace
irreparable. "Es bien frecuente que lleguen a la consulta sobre todo
jóvenes ya universitarios que experimentaron este problema y que vemos
que ya tienen un daño irreversible", confirma la otorrinolaringóloga
Gloria Ribalta, especialista de la Clínica Las Condes.
Saber esperar para el
daño final
Es una lesión imperceptible, agrega, detectable sólo por la
audiometría, donde se comprueba que al joven ya le cuesta captar los
ruidos más agudos. "Esos son los sonidos que se pierden con la edad y
por la contaminación acústica de la ciudad. Entonces, ves que ellos
tienen una
presbiacusia
precoz", añade. Es decir, su capacidad auditiva está
disminuida como la de una persona mayor de 60.
Evitar el daño es más sencillo que lo que parece, porque no hay que
dejar de oír música: sólo hay que hacerlo a un volumen que no permita
que las personas vecinas la escuchen y, en lo posible, usar audífonos
que no se coloquen directamente al oído, sino que
sean externos.
Pamela
Elgueda T.