¿Cuáles son los objetivos del tratamiento?

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Los principales objetivos consisten en lograr que se establezcan hábitos saludables de alimentación y de actividad física. Para ello es necesario cambiar conductas y mantener los cambios realizados. Desde el punto de vista del peso, la primera etapa en su control consiste en mantener el peso basal, lo que se puede lograr con algunos cambios en su alimentación y ejercicio físico. El éxito en esta etapa es la base de los cambios futuros.

En la mayoría de los niños el mantenimiento prolongado del peso producirá una disminución gradual del IMC a medida que aumente la estatura. Si esto se consigue se puede recomendar otros cambios en la alimentación y el aumento de la actividad física para lograr cuando se estime conveniente, perdidas hasta 500 gramos por mes.

¿El tratamiento de la obesidad infantil es igual al tratamiento de esta enfermedad a cualquier edad?
El tratamiento dependerá de la edad pero también del tipo de alimentación que recibe el niño, del grado de obesidad y de la presencia de complicaciones. Si se trata de un lactante alimentado al pecho esta indicado observar y no intervenir. Además hay que recordar que durante los primeros meses de vida de los niños que reciben lactancia materna exclusiva es frecuente observar incrementos de peso muy superiores a los derivados de NCHS/OMS. Si el lactante es alimentado con fórmulas artificiales habrá que revisar la dilución y el aporte calórico de la fórmula, los horarios y las características de la alimentación complementaria para adecuarlos a los requerimientos según la edad del niño.

Si se trata de un preescolar o de un niño mayor pueden reemplazarse los alimentos con alto contenido calórico por otros que impliquen un menor aporte, como por ejemplo, la leche entera por leche semidescremada o descremada, disminuir o suspender la ingesta de hidratos de carbono simples, aumentar el consumo de frutas y verduras, etc. Si el grado de obesidad es alto o aparecen complicaciones la intervención tendrá que ser más enérgica.
Un comité estadounidense de expertos en la evaluación y el tratamiento de la obesidad ha sugerido un esquema en relación con las recomendaciones para establecer metas de peso en niños obesos en función de la edad, el grado de obesidad y la presencia de complicaciones

¿Qué cambios de conducta deben buscarse en el niño obeso y en su familia?

Los cambios que se buscan consisten en modificaciones de largo plazo y permanentes en el estilo de vida ya que estos cambios acompañarán al niño para siempre. Estas modificaciones (que se efectuarán en términos de refuerzos positivos, celebrando la nueva conducta alcanzada más que los cambios del peso), deben darse básicamente en dos direcciones:

- Disminución del sedentarismo, no sólo para reducir el peso sino también para conseguir un mejor estado de salud. Se puede empezar por disminuir el número de horas que el niño ve televisión y luego incorporar la actividad física a la rutina diaria (caminar, jugar). Poco a poco se puede aumentar el tiempo de ejercicio e indicar la práctica de deportes más activos.
- Cambios en la alimentación, según cuál sea el problema detectado en la historia alimentaria. Entre otras medidas deben considerarse las siguientes:
- El niño no debe comer fuera de los horarios establecidos; si necesita una colación, deben preferirse aquellas de bajas calorías.
Deben preferirse los edulcorantes sintéticos. ! El niño debe aumentar el consumo de verduras y frutas. i Es preciso que reduzca el consumo de cereales (arroz, pastas), pan y frituras. i Debe disminuir el consumo de helados, pasteles, chocolates y golosinas en general. : Debe beber agua en lugar de otras bebidas y en caso de que consuma bebidas debe preferir las dietéticas.

Para esto es de gran ayuda guiarse por la pirámide alimentaria y es necesario involucrar a toda la familia en los cambios.

1. ¿Qué cambios de conducta deben buscarse en el niño obeso y en su familia ?

Los cambios que se buscan consisten en modificaciones de largo plazo y permanentes en el estilo de vida ya que estos cambios acompañarán al niño para siempre. Estas modificaciones (que se efectuarán en términos de refuerzos positivos, celebrando la nueva conducta alcanzada más que los cambios del peso), deben darse básicamente en dos direcciones:

- Disminución del sedentarismo, no sólo para reducir el peso sino también para conseguir un mejor estado de salud. Se puede empezar por disminuir el número de horas que el niño ve televisión y luego incorporar la actividad física a la rutina diaria (caminar, jugar). Poco a poco se puede aumentar el tiempo de ejercicio e indicar la práctica de deportes más activos.
- Cambios en la alimentación, según cuál sea el problema detectado en la historia alimentaria. Entre otras medidas deben considerarse las siguientes:
- El niño no debe comer fuera de los horarios establecidos; si necesita una colación, deben preferirse aquellas de bajas calorías.

Deben preferirse los edulcorantes sintéticos. ! El niño debe aumentar el consumo de verduras y frutas. i Es preciso que reduzca el consumo de cereales (arroz, pastas), pan y frituras. i Debe disminuir el consumo de helados, pasteles, chocolates y golosinas en general. : Debe beber agua en lugar de otras bebidas y en caso de que consuma bebidas debe preferir las dietéticas.

Para esto es de gran ayuda guiarse por la pirámide alimentaria y es necesario involucrar a toda la familia en los cambios.

2. Ha quedado claro que en el tratamiento de la desnutrición se requiere la participación de un equipo multiprofesional. ¿El enfoque del tratamiento de la obesidad infantil debe ser similar?

Definitivamente sí. La experiencia y el trabajo conjunto de varios profesionales (nutricionista, médico, psicólogo, terapeuta, quinesiólogo, profesor de educación física) son más efectivos para lograr cambios en los hábitos y mantenerlos posteriormente.

3. ¿Cómo caracterizaría la evolución del niño obeso?

Se trata de una evolución muy variable porque algunos consiguen alcanzar un peso aceptable y mantener su logro, otros presentan fluctuaciones con aumentos y reducciones del peso y la mayoría, lamentablemente, no logra ningún cambio y se mantiene con el exceso de peso hasta la edad adulta.

4. ¿Para controlar la obesidad infantil debe hacerse hincapié en la prevención o en el tratamiento?

La experiencia internacional relacionada con el tratamiento de la obesidad o de otras enfermedades crónicas vinculadas con la alimentación es bastante desalentadora. El costo del esfuerzo prolongado de un equipo multiprofesional es alto y los resultados que se logran en el mediano y en el largo plazo son pobres. Existe consenso en que debe hacerse hincapié en la promoción de la salud, con la inclusión de dietas y estilos de vida saludables que deben comenzar tempranamente para formar hábitos que perduren a lo largo de la vida. A diferencia de la prevención, la promoción hace hincapié en la importancia del autocuidado de la salud por parte de la propia comunidad que desempeña un rol protagónico si está adecuadamente informada. La promoción de la salud debe ser integral y además de la alimentación debe incluir el fomento de la actividad física, la prevención del tabaquismo, del consumo de alcohol y de drogas y la preocupación por la salud mental.

El desafío consiste en convertir en realidad estos buenos propósitos. Este objetivo es especialmente complejo en alimentación porque las familias de menores ingresos tienen una capacidad económica limitada para seleccionar alimentos, por el atractivo que ejercen los alimentos "chatarra", por el limitado control del adulto sobre la alimentación de los jóvenes y por la escasa inversión en educación alimentaria que se realiza a nivel estatal. Lo esencial es lograr cambios de conductas y para ello es necesario usar técnicas modernas de comunicación, que incluyan las investigaciones de mercado para la elaboración y prueba de los mensajes dado que estos métodos han demostrado ser más efectivos que la educación tradicional, que enfatiza en exceso la transmisión de información técnica.

Es responsabilidad de todo el equipo de salud contribuir a programar y validar estrategias educativas innovadoras que permitan mejorar las conductas alimentarias de la población. El sistema educacional también puede desempeñar una función clave en este sentido mediante la promoción de la creación de "escuelas saludables" que incorporen estos contenidos en las actividades curriculares y extracurriculares y que orienten mejor sobre el tipo de meriendas y colaciones que debe recibir el escolar. Asimismo, las organizaciones no gubernamentales pueden desempeñar un papel destacado organizando grupos de defensa del consumidor y contribuyendo a diseminar la información. La inversión en este etapa de la vida puede tener una alta rentabilidad social en la medida en que se logre formar hábitos que perduren en el tiempo.
 

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