Diálogos con expertos
Alfonso Valenzuela B.
Susana Nieto K.
Profesores I.N.T.A
Omega 3 y desarrollo
Ácidos grasos omega-6 y omega-3 en la nutrición perinatal:
su importancia en el desarrollo del sistema nervioso y visualEvidencia científica demostrable
Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-6; PUFAS (AA) ácido Araquidonico, y omega-3; (DHA) ácido docosahexaenoico, son fundamentales y esenciales en la formación de la estructura y en la funcionalidad del sistema nervioso y visual de los humanos.
Son parte del cerebro y de la retina.
Ambos ácidos grasos constituyen más del 30% de la estructura lipídica del cerebro y de los conos y bastoncitos de la retina.
Vienen de los precursores ampliamente conocidos: Linoleico Omega 6 y alfa-linolénico u Omega 3
Estos ácidos grasos se forman a partir de precursores de menor tamaño de cadena: el ácido linoleico da origen al ácido araquidónico, y el ácido alfa linolénico al ácido docosahexaenoico. Esta transformación ocurre principalmente en el hígado. Actualmente se estima que el feto, durante el último tercio del período gestacional, y el recién nacido, durante los primeros 6 meses de vida, requieren de un gran aporte de (AA) ácido araquidónico y (DHA) de ácido docosahexaenoico, debido a que la velocidad de transformación de los precursores a nivel hepático no es suficiente para cubrir los requerimientos metabólicos de estos ácidos grasos.
La función del hígado es escasa
Es la madre quien los aporta a través del transporte placentario durante la gestación y a través de la leche durante la lactancia.
¿De donde lo obtiene la madre?
Este aporte proviene de las reservas en los tejidos de la madre, de su actividad de producirlos y del aporte nutricional de los ácidos grasos precursores.
Vital importancia: experiencia científica
De esta forma, el adecuado aporte dietario de los ácidos grasos precursores o ya preformados es de vital importancia para la formación del tejido nervioso y visual. Se han observado alteraciones en la funcionalidad de estos tejidos en lactantes y niños que no han recibido un aporte adecuado de ácidos grasos omega-6 y omega-3 durante la gestación y en los primeros meses de vida.
Si la madre no los tiene
Actualmente se sugiere que las fórmulas de reemplazo o de complemento a la leche materna sean suplementadas, ya sea con los ácidos grasos omega-6 y omega-3 ya preformados, o con sus precursores. Lo que importa es el DHA y el AA:
Grasiento o grasoso es un mal término para los lípidos
Algunos lípidos tienen el carácter de esenciales debido a que no pueden ser sintetizados a partir de estructuras precursoras. Más aún, recientemente se ha identificado la participación de algunos lípidos en la regulación de la expresión génica en los mamíferos.
Repasemos: los ácidos grasos: 97% de los lípidos
Los ácidos grasos se dividen en dos grandes grupos según sus características estructurales: ácidos grasos saturados (AGS) y ácidos grasos insaturados (AGI).
Estos últimos, dependiendo del grado de insaturación que posean se pueden clasificar como ácidos grasos monoinsaturados (AGMI) y ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) Los AGMI y los AGPI pueden clasificarse en tres series principales: ácidos grasos omega-9 (primer doble enlace en el carbono 9), ácidos grasos omega-6 (primer doble enlace en el carbono 6) y ácidos grasos omega-3 (primer doble enlace en el carbono 3).
Omega 9 es el mas famoso, y no es esencial
Los ácidos grasos omega-9 conocidos como de Oliva no son esenciales ya que los humanos podemos introducir una insaturación a un AGS en esa posición. De esta forma, el ácido oleico (C18:1, omega-9), por ejemplo, al cual se le atribuyen propiedades nutricionales beneficiosas (como componente del aceite de oliva), no requiere estar presente en nuestra dieta.
Camino a la fama
No ocurre lo mismo con los ácidos grasos omega-6 y omega-3, ya que nuestro organismo no puede introducir insaturaciones en dichas posiciones. De esta forma, ácidos grasos como el ácido linoleico (C18:2, omega-6, AL) y el ácido alfa linolénico (C18:3, omega-3, ALN) sí son esenciales, por lo cual nuestra dieta requiere contenerlos en proporciones bien determinadas ya que su carencia o desbalance en la ingesta produce serias alteraciones metabólicas.
Debe requerirse el paso hacia los sub-productos por lo tanto de la función hepática.
Para algunas funciones metabólicas y también estructurales, se requieren ácidos grasos poliinsaturados de mayor número de carbonos. A estos ácidos grasos se les identifica como ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPICL) y son formados en el organismo a partir de ácidos grasos precursores, ya sea de la serie omega-6 u omega-3, los que son sometidos a procesos particularmente en el hígado6.
De esta forma el AL puede dar origen al ácido araquidónico ( omega-6, AA) un AGPICL de gran importancia en el desarrollo neonatal. Del mismo modo, el ALN da origen al ácido eicoapentaenoico ( omega-3, EPA) y al ácido docosahexaenoico ( omega-3, DHA), los cuales, al igual que el AA, tienen importantes funciones metabólicas y reguladoras.
El DHA es el más importante en esta época
De estos ácidos grasos, el DHA es el AGPICL de mayor importancia en el desarrollo neonatal7
Si es tan vital, ¿como lo recibe el feto y el recién nacido?
El aporte de AGPICL durante la gestación y la lactancia: el rol de la madre
Oferta y demanda
Durante la etapa gestacional, e incluso después del nacimiento, el aporte de estos ácidos grasos esenciales (AGPICL) es realizado por la madre, ya que si bien el feto y el recién nacido tienen la capacidad para formar AGPICL a partir de precursores, la velocidad de transformación del Omega 6 para formar AA y del Omega 3 para formar DHA, parece no ser suficiente para proveer la cantidad de requerida por el feto y por el recién nacido.
La actividad del hígado fetal es muy incipiente debido a la inmadurez fisiológica de este órgano. La placenta humana no tiene la capacidad llevar Omega 6 y Omega 3 al producto útil y final, sin embargo, es selectivamente permeable a estos de origen materno.
¿De donde los saca la madre?
Este aporte puede provenir de las reservas tisulares de Pufas o ACPICL de la madre (principalmente del tejido adiposo), de la actividad biosintética (elongación y desaturación de precursores) y del aporte nutricional de productos preformados De esta forma, si la madre recibe una alimentación con un aporte adecuado de ácidos grasos poliinsaturados y con una relación omega-6/omega-3 adecuada (desde 5:1 hasta 10:1 en peso), podrá aportar al feto a través del transporte placentario, y al recién nacido a través de la leche, el requerimiento de PUFAS necesario para un desarrollo normal del sistema nervioso y visual.
No siempre es posible, por lo que puede constituir un riesgo en el desarrollo.
Sin embargo, hay situaciones que pueden alterar este aporte; una nutrición inadecuada, el consumo de grasas y aceites con alta proporción de omega-6 y muy bajo aporte de omega-3 (muy común en nuestro medio), embarazos muy frecuentes o un embarazo multípara, pueden disminuir considerablemente las reservas de AGPICL.
El DHA es el mas sensible.
Nutricional mente el Omega 6 es mucho más abundante que el Omega 3, por lo cual el riesgo de déficit de DHA es mayor que el riesgo de déficit de Ácido Araquidonico. El DHA preformado puede, por ejemplo, ser obtenido a partir del consumo de productos del mar (pescado, mariscos, algas) ya que estos alimentos constituyen la principal fuente de PUFAS omega-3 preformados.
Sin embargo, es conocido el bajo consumo de estos productos en nuestro país (menos de 5 kg/cápita/año), por lo cual es altamente recomendable la suplementación de la dieta de la madre con DHA o eventualmente con ALN.
La madre debe suplementarse.
Se ha sugerido que durante el curso del embarazo, una suplementación de 300 mg/día de DHA sería adecuada. Durante la lactancia, la madre continúa el aporte de AGPICL al recién nacido. La leche humana, a diferencia de la leche de vaca, contiene una pequeña cantidad de AA (0,5%) y de DHA (0,3%) que es suficiente para aportar hasta tres veces el requerimiento de AGPICL del recién nacido. De esta forma, el aporte de AGPICL de la secreción láctea es otro antecedente que se suma al indiscutible rol de la lactancia materna durante los primeros meses de vida.
Efectos de la carencia de AGPICL durante la gestación y durante la lactancia
El cerebro es un tejido principalmente lipídico o de grasa ya que un 60% de su peso seco está constituido por lípidos; de ellos un 40% son PUFAS, y de estos un 10% es AA y un 15% es DHA. En la retina el DHA también se encuentra en una mayor proporción que el AA, constituyendo ambos ácidos grasos más del 45% del contenido de AGPI . Es indudable que al encontrarse el AA y el DHA en tan altas concentraciones la disminución en el aporte de ambos, ya sea durante la gestación o la lactancia, tendrá repercusiones en la funcionalidad de los órganos afectados.
Las conclusiones del déficit no son alentadoras.
En definitiva, un menor aporte de AA y de DHA por parte de la madre significa una menor concentración de estos ácidos grasos en el cerebro y en la retina. Los estudios realizados por diferentes grupos muestran que existe una relación directa entre los niveles de AGPICL medidos en los eritrocitos y en el plasma, como una estimación del estatus nutricional de estos ácidos grasos, y la agudeza visual y la respuesta a potenciales evocados en los lactantes. Del mismo modo, los mayores niveles de AGPICL o PUFAS medidos en lactantes, se correlacionan con una mayor capacidad de aprendizaje y de concentración evaluados mediante test específicos aplicados meses después de finalizada la lactancia. Algunos investigadores han propuesto que el adecuado aporte de AGPICL durante el período perinatal puede tener repercusiones en la inteligencia y en la intelectualidad del individuo en su edad adulta, y también una menor morbilidad. Del mismo modo, se ha propuesto que las razas de origen oriental, que tienen una mayor disponibilidad nutricional de AGPICL o PUFAS derivada de sus hábitos alimentarios, tendrían ventajas en su intelecto respecto a las razas occidentales. Lo anterior es solo una especulación, ya que se pueden esperar efectos individuales pero parece difícil atribuirlos a toda una población.
El aporte de AGPICL a partir de fórmulas suplementadas
Como ya se comentó, la leche materna asegura un aporte y una relación adecuada de AGPICL omega-6 y omega-3. Sin embargo, este aporte se puede ver modificado si el período de lactancia es menor y/o alterado, o si simplemente este no es posible. Las fórmulas lácteas han ido incorporando, en la medida que es tecnológicamente posible, los componentes fundamentales de la leche materna y aunque aún su composición dista mucho para igualarse a la secreción láctea, en los últimos años se han logrado progresos muy importantes.
No todas son iguales
En lo que respecta al tipo de ácidos que aportan estas fórmulas, es necesario identificar aquellas que contienen AGPI omega-6 y omega-3 (AL y ALN) y aquellas que además contienen AGPICL omega-6 y omega-3 (AA y DHA). Esta diferente composición plantea obviamente una controversia.
¿Es suficiente aportar los AGPI precursores de los AGPICL, o es necesario aportarlos preformados, esto es como AA y DHA?
Esta controversia no está totalmente resuelta. Sin embargo, considerando los antecedentes clínicos y experimentales que demuestran que el recién nacido no tendría una capacidad totalmente desarrollada para realizar los procesos de elongación y de desaturación de los precursores AL y ALN, parece más lógico, y probablemente más seguro desde el punto de vista de la disponibilidad de AGPICL, aportar AA y DHA en las fórmulas, además del AL y el ALN. De esta manera, es posible asemejar mejor el perfil de ácidos grasos de la fórmula con el de la leche materna. La incorporación preferente de AGPICL omega-6 y omega-3 a las fórmulas para prematuros parece aún más evidente. La composición de AGPI y de AGPICL omega-6 y omega-3 de algunas de las fórmulas lácteas disponibles en Chile. De la tabla se puede apreciar que todas las fórmulas aportan AL y ALN, pero solamente algunas contienen cantidades significativas de AA y de DHA, aunque bastante diferentes entre ellas.
Conclusiones
El aporte adecuado de AGPICL durante el período gestacional y postnatal parece ser un factor importante para lograr un adecuado desarrollo y posterior funcionalidad del sistema nervioso y visual del recién nacido.
La naturaleza hace lo suyo
La madre, sin lugar a dudas, tiene un rol fundamental en este aporte por lo cual su nutrición, y particularmente su disponibilidad de AGPI y/o AGPICL durante la gestación y la lactancia es de primera importancia. La leche materna provee todos los requerimientos del recién nacido y su composición se adecua a la edad del lactante, por lo cual las fórmulas que la sustituyen deben adecuar su composición a la de la secreción láctea materna.
Respecto al aporte de ácidos grasos a partir de fórmulas, esto es posible ya que con la adecuada combinación de grasas y aceites, principalmente de origen vegetal, es posible imitar con bastante aproximación la composición grasa de la leche materna. Los AGPI omega-6 y omega-3 están naturalmente presentes en aceites de origen vegetal, sin embargo, estos aceites no contienen AGPICL omega-6 u omega-3, por lo cual las fórmulas que contienen estos ácidos grasos los aportan a partir de la adición de triglicéridos obtenidos de microalgas, a partir de fosfolípidos purificados de yema de huevo, o recientemente, es posible obtenerlos a partir de lípidos especialmente diseñados (lípidos estructurados) para contener una alta proporción de AGPICL.
Presente y futuro:
Sale en el comercio un aceite especial para niños que reúne todas las condiciones y satisface las necesidades en un momento tan importante del desarrollo.
Sin lugar a dudas estamos frente a desafíos nutricionales y tecnológicos que involucran a especialistas en nutrición infantil, bioquímica de lípidos y ciencia e ingeniería de alimentos.
Alfonso Valenzuela B. (INTA)
Susana Nieto K. (INTA)
Edición y fotos Dr Pedro Barreda
2007