Otitis
externa y los riesgos en la piscina
Niños en una piscina municipal de Valladolid. (Foto: Jonathan González)
18 de agosto de 2008.- El baño y la piscina tienen grandes beneficios
porque se realiza actividad física, mejora la independencia, la
autoestima y favorece el desarrollo social y psicológico del niño, pero
también tiene algunos inconvenientes.
La otitis del verano es frecuente en los niños nadadores, especialmente
en los buceadores. Estas otitis no suelen acompañarse de fiebre, ni de
tos ni de mocos, síntomas típicos de la otitis del invierno, que a
veces se presenta con secreción purulenta o mucosa que sale del oído.
La otitis durante los meses cálidos afecta sólo al conducto auditivo
externo, mientras que la otitis del invierno infecta el espacio del
oído medio que alberga a los huesecitos necesarios para la audición,
por dentro del tímpano.
La otitis externa se caracteriza por dolor intenso del pabellón
auricular, generalmente al tocar o movilizar la oreja para poner o
sacar una camiseta, o al apoyarse para dormir. No suele haber fiebre ni
supuración, pero puede existir febrícula.
La mayoría de los niños con otitis externa son nadadores obsesivos,
generalmente buceadores que permanecen en el agua, como peces, durante
largos periodos de tiempo. También tienen otitis externa los niños que,
bien ellos o sus madres hurgan dentro del oído externo, generalmente
con fines de limpieza. Esto macera el conducto y después lo infecta. La
sospecha diagnóstica de la otitis externa se realiza con los síntomas
descritos y con la simple observación del oído, porque el afectado
tiene un conducto más estrecho, más cerrado que el contralateral sano.
El diagnóstico definitivo lo realiza el médico mediante la
visualización del conducto auditivo externo con un aparato óptico
llamado otoscopio.
El tratamiento consiste en evitar la causa y en la aplicación de unas
gotas con antibiótico en el conducto del oído. La curación se produce
en unos días. Es muy importante la prevención, que se realiza
dosificando la permanencia de los niños en la piscina, especialmente el
tiempo de buceo, que debe ser escaso. Cuando esto no es posible los
oídos deben protegerse con tapones de silicona que impidan la entrada
de agua.
El baño y la natación son ejercicios excelentes para los niños porque
mejora la potencia y la coordinación muscular, mejora los sistemas
cardiocirculatorio y respiratorio, facilita la socialización y abre el
apetito. Los niños que nadan están más sanos y comen mejor, sin embargo
el tiempo de permanencia en el agua debe ser el adecuado y esto es
individual.
Los niños que permanecen mucho tiempo buceando tienen que salir
periódicamente, secarse y calentarse. Durante este tiempo también se
secan los conductos del oído, evitando así la otitis externa. Los niños
delgaditos, sin panículo adiposo, se enfrían pronto, por ello su
organismo tirita en un intento de evitar la hipotermia. A estos niños
también se les ponen los labios y las manos moradas, debido a que su
cuerpo ordena a la sangre que evite la piel en otro intento de impedir
que esta se enfríe al pasar por ella. Lo que da color a los labios y a
la piel es la sangre. Al no pasar por estas superficies, éstas están
frías, pálidas o moradas. Los niños gorditos aguantan más tiempo dentro
del agua. Por esta razón, el tiempo recomendable del baño es diferente
en unos niños y en otros, depende de la actividad física que desarrolle
dentro del agua, de la temperatura de ésta y del panículo adiposo, de
la capa de grasa, que cubre su cuerpo.
El cloro de la piscina irrita la piel, empeora la dermatitis atópica de
los niños con piel atópica, también produce conjuntivitis química que
puede prevenirse utilizando gafas adecuadas.
En definitiva el baño y la piscina son muy beneficiosos para los niños,
estimúlelo, pero evite los efectos indeseables del uso inadecuado.
Autor:Juan Casado es jefe de
Servicio del Hospital Infantil del Niño Jesús y profesor de pediatría
de la Universidad Autónoma de Madrid.
edicion y fotos Dr P Barreda
www.elmundo.es/elmundosalud/blogs/saluddelnino.html
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