La importancia del pediatra en la salud de su hijo.

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Dr. Pedro Barreda

La salud de los hijos es una de las mayores preocupación de todos los padres, y una cuestión primordial a la hora de asegurar el bienestar del niño. Aunque no es cuestión de obsesionarse, tampoco es aconsejable dejar al azar algo tan valioso como la salud de nuestros hijos. Afortunadamente, la medicina cuenta hoy en día con conocimientos y experiencia suficientes como para poder incidir activamente en el control y mejorar de la salud durante la infancia. Aunque siempre es posible que se presenten imponderables, ya que no existe una fórmula que nos proporcione la garantía absoluta de que no aparecerán problemas, sí se cuenta con medios efectivos para controlar que el crecimiento y el desarrollo infantil evolucionen normalmente. Sólo así pueden detectarse precozmente las complicaciones, de manera que sea posible actuar de inmediato para intentar solucionarlas. Éste es el ámbito de la prevención, en el que han de participar tanto los médicos como los propios padres.

Asesoramiento, la base de la prevención
Conviene, pues, que los padres estén bien informados, que conozcan las principales etapas del proceso de crecimiento y maduración infantiles, y que se asesore adecuadamente sobre las atenciones que requiere el niño en cada momento de su desarrollo. Sin embargo, no toda la información que llega hasta los padres es realmente válida y, por otra parte, aunque puedan hacerse algunas generalizaciones útiles, hay que tener en cuenta que cada niño es un caso particular, que tiene sus propias características y unas necesidades peculiares que no pueden hacerse extensivas a los demás. Por todo ello, la mejor fuente de información y la que ofrece mayores garantías es la que brinda el médico pediatra que controla al niño mes a mes, año tras año que sigue paso a paso su evolución, y que conoce al pequeño y también su entorno familiar.


Consulta privada

Las visitas de control
No basta con acudir al médico tan sólo cuando se piensa que el niño está enfermo. En la actualidad, el sistema de salud pone un énfasis especial en la protección de la salud infantil, y no hay que desaprovecharlo: no debe privarse a ningún niño de un seguimiento riguroso y periódico de su salud. Las visitas de control, que se hacen sin que aparentemente resulten indispensables, proporcionan, sin embargo, una valiosa información, pues permiten acumular los datos necesario para poder evaluar el estado del niño y su evolución particular. Su historia clínica cobra, así, la máxima importancia si en algún momento se detecta un problema porque contiene una información que puede resultar fundamental para conseguir un diagnóstico certero y par determinar la mejor manera de proceder. Además, cada visita permite al médico dar consejos oportunos, solventar las dudas de los padres e indicar qué conviene hacer o no en cada caso concreto.

El pediatra, en definitiva, es el mejor asesor para unos padres interesados en la salud de sus hijos, y su tarea puede facilitarse si se le brinda toda la cooperación que necesita. Uno de los primeros pasos para poder ayudarle es conocer los fundamentos de su actuación.

El Pediatra, mas que un médico es un amigo en el futuro
Para que la tarea del pediatra sea realmente eficaz es fundamental que tanto el pequeño como sus padres lo consideren como un amigo, alguien en quien se puede confiar y al que se puede tratar sin reservas ni temores, Los padres han de apreciar que el médico sabe no sólo escucharlos sino también explicarse, y no han de dudar en reclamar su atención cuando piensen que es necesario: un buen pediatra siempre debe estar disponible para atender a unos padres
preocupados, Y es fundamental que el niño sepa que no tiene nada que temer cuando visita a su médico: nunca debe amenazarse al niño, como castigo, con "ir al doctor", ni hacer comentarios de este tipo.

¿Cual es la frecuencia de los controles?
Una de las principales condiciones que deben tenerse en cuenta para que los controles de salud sean útiles es su periodicidad. Si se respetan los intervalos de visitas indicados por el pediatra, en caso de detectarse alguna alteración se podrá actuar positivamente antes de que se produzcan secuelas importantes. El pediatra estipulará la frecuencia idónea en cada caso particular, aunque, en términos generales, y si no se advierten factores que aconsejen un control más riguroso, lo habitual es que las visitas se lleven a cabo con la siguiente periodicidad:

* Desde Recién Nacido a los 6 meses una vez al mes.
* De los 7 meses hasta el año cada dos meses
* Desde el año hasta los 3 años cada tres meses
* A partir de los tres años una vez al año.


Desde el primer instante
Si importante es mantener un seguimiento médico durante toda la infancia, tanto o más preciso resulta el control de los primeros momentos de vida, cuando es fundamental verificar que todo va bien para poder intervenir de inmediato si se presenta algún problema. El objetivo es que todos los niños estén bajo control profesional desde el primer instante, y cada vez se avanza más en la consecución de dicha meta. El pediatra en ese momento es un especialista: el neonatólogo.

En la actualidad, la inmensa mayoría de los partos se desarrollan en el medio hospitalario, bajo un estricto y continuo control, y en unas instalaciones especialmente equipadas para ello. Así, la progresiva ampliación de la cobertura sanitaria del parto ha permitido reducir notablemente las cifras de morbilidad y mortalidad materno infantil, hecho que puede considerarse como uno de los mayores avances de nuestra civilización.


El control médico del recién nacido comienza en los primeros instantes de vida, tan pronto como su cabecita sale al exterior, y en un ambiente especialmente dispuesto para tal fin. La comprobación de su estado y las medidas de atención iniciales sientan las bases de la actuación de salud que se sigue, sin interrupción, durante toda la infancia

¿Qué pasa en el parto?
La monitorización del parto, con la observación continuada del estado de la madre y del feto, es un factor imprescindible para asegurar el bienestar de ambos y para poder solucionar cualquier problema que pueda presentarse de improviso.

Control en sala de partos
Los momentos que siguen al parto constituyen un período crítico: tras nueve meses de haber permanecido confortablemente instalado en el cálido seno materno, el recién nacido debe afrontar un medio nuevo, extraño y complejo, que le exige un auténtico esfuerzo de adaptación. En los primeros minutos de vida, cualquier problema, por pequeño que sea, puede ocasionar consecuencias a veces irreparables si no se actúa rápidamente. Pero, por fortuna, la mayor parte de las eventuales dificultades se solventan con éxito gracias a una actuación médica inmediata y eficaz. En la actualidad, el neonatólogo realiza la revisión inicial del pequeño en la misma sala de partos, en una zona especialmente destinada a tal fin, acondicionada para llevar a cabo las valoraciones imprescindibles y dotada de todo el instrumental necesario para hacer frente a cualquier problema. Sólo cuando se constata que todo marcha bien, o se ha solucionado un eventual contratiempo, continúan los cuidados habituales para garantizar la salud y el bienestar del recién nacido.

Los cuidados del cordón umbilical ocupan una parte primordial del control en la sala de partos se registran las características del muñón (vascularización, grosor, consistencia), se verifica el estado de la ligadura, colocada antes del corte, se aplica un antiséptico para infecciones.


El Test de APGAR
Para valorar el estado vital del recién nacido suele recurrirse al denominado "test de Apgar!!, Una exploración que se realiza justo en el primer minuto de vida y, de nuevo, al cabo de cinco o diez minutos. Tiene en cuenta cinco parámetros físicos: la coloración de la piel, la frecuencia cardiaca la respuesta refleja a los estímulos, el tono muscular y la respiración. A cada uno de los parámetros se le asigna una puntuación del cero al dos, y la suma de todos los puntos se valora en una escala del cero al diez. Con este dato se conoce el estado general del recién nacido y se tiene una pauta eficaz para determinar si todo se desarrolla correctamente.

Valoración:
. De 7 a 10 puntos: el bebé está en perfectas condiciones
. De 3 a 6 puntos: puede ser precisa la administración de oxígeno; el niño debe estar bajo control riguroso.
. Inferior a 3 puntos: deben llevarse a cabo de inmediato las técnicas de reanimación necesarias.

Dr. Pedro Barreda

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Continuará...