GUERRA
DE FRUTAS EN OBESIDAD
PERAS Y MANZANAS.
Muslos y glúteos atrapan la grasa para evitar que dañe otros tejidos
del organismo
El tejido adiposo de las «cartucheras» protege a los distintos órganos
del cuerpo de los efectos de la obesidad y produce sustancias con
propiedades muy beneficiosas frente a las enfermedades cardiovasculares
y la diabetes. Es posible que esta reserva energética contrarreste los
males de una barriga prominente
¿Le preocupa el tamaño de sus muslos y glúteos?
Si busca consejo para estilizar su silueta, no va a encontrarlo en este
artículo. Todo lo contrario. Sobran las razones para dedicar una oda a
los cuerpos 'tipo' 'pera'. Dejando aparte la estética, la grasa que se
acumula en la parte inferior del organismo es mucho más saludable que
la que se encuentra en la zona abdominal (el 'flotador' o 'tipo
manzana').
Si aún no ha abandonado la lectura de estas líneas, tal vez le consuele
saber que es muy posible que esas 'cartucheras' tan características del
cuerpo femenino tengan un gran poder frente a las enfermedades
cardiovasculares y la diabetes. Los científicos se afanan en desvelar
los mecanismos biológicos que están elevando a la grasa de esa zona a
los altares de los máximos aliados de nuestra salud. La investigación
está en sus inicios; nos esperan muchas sorpresas. Le invitamos a
conocer los últimos hallazgos.
En la 'película' de la grasa hay buenos y malos. El enemigo
por excelencia es el
'flotador'
y el gran aliado es el tejido que se acumula alrededor de la cadera,
los muslos y los glúteos. Los mecanismos que están detrás del efecto
protector de las 'cartucheras' son múltiples y complejos, pero el
resultado es así de simple.
La revista 'International Journal of Obesity' publica esta semana una
revisión de los últimos avances de la investigación en este campo.
Pesar más de la cuenta siempre es
poco
recomendable, pero puede ser que revista un peligro mucho
menor -o nulo- si el aumento de volumen se concentra fundamentalmente
en la
parte baja
del cuerpo, dejando a salvo la barriga. Por esta razón, la cinta
métrica constituye una herramienta mucho más eficaz que la báscula para
valorar la obesidad.
Los estudios efectuados en diferentes poblaciones muestran que una
mayor cantidad de masa grasa en la zona gluteofemoral está asociada a
un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
De hecho, los individuos con un 'tipo pera' suelen tener niveles más
bajos de colesterol LDL (vulgarmente denominado 'malo') y superiores
del HDL (el 'bueno'). Asimismo, sus arterias tienden a mantenerse en
mejores condiciones.
Es más, se ha constatado que la circunferencia de la cadera y el tejido
adiposo (graso) de las mujeres con sobrepeso u obesidad está asociado a
un incremento de determinadas sustancias saludables. Y este es,
precisamente, el punto más candente de la investigación: determinar si
unas buenas 'cartucheras' pueden contrarrestar, al menos en parte, los
efectos negativos de una barriga un poco más prominente de lo normal.
OBESIDAD ABDOMINAL:
GRASA TOXICA
Tal y como explica Javier Salvador, director del Departamento de
Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universitaria de Navarra, en
el abdomen se concentran las células grasas (adipocitos) denominadas
viscerales (. Éstas potencian la lipolisis, es decir, «que la grasa se
desintegre en una serie de componentes perjudiciales», señala. «La
obesidad visceral promueve la suelta de ácidos grasos libres que llegan
al hígado y contribuyen a generar resistencia a la insulina, lo que
favorece la diabetes, las alteraciones en los lípidos y la hipertensión
arterial», añade.
Esos elementos destructores también llegan a otras partes del
organismo, como el páncreas, los músculos o el corazón, que se
infiltran de grasa. La insuficiencia cardiaca es sólo una de las
múltiples posibles consecuencias.
EFECTO DE LA GRASA TIPO
PERA EN MUSLO Y NALGAS
El tejido de nalgas y piernas representa la otra cara de la moneda.
Para empezar, no contiene adipocitos viscerales, lo cual ya es una
ventaja interesante. Pero es que, además, se encarga de atrapar la
grasa para evitar que se ubique en otras partes del organismo en las
que resulta dañina. «Quizá se trate de una forma inerte de
acumulación», precisa José Manuel Fernández-Real, jefe de Sección de
Diabetes del Hospital Josep Trueta de Gerona y miembro del Centro de
Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la
Nutrición (CiberOBN).
Por otra parte, cada vez existen más pruebas de que los adipocitos de
la grasa visceral producen sustancias proinflamatorias que conducen a
la aparición de problemas vasculares. «Esto puede explicar la relación
entre la obesidad abdominal, pero no la de las piernas, y la
mortalidad», subraya Salvador.
S
USTANCIAS ÚTILES
Dislipidemias
En cambio, los adipocitos de la región gluteofemoral generan más
cantidades de l
eptina y
adiponectina, que son dos sustancias que sirven, según
Fernández-Real, «para comunicarse con el entorno y con el organismo en
general». Poseen propiedades muy beneficiosas porque «propician la
sensibilidad a la insulina y la vasodilatación», declara el
especialista de la Clínica de Navarra.
Todos estos conocimientos tendrán implicaciones clínicas directas. Tal
y como explican los autores de la revisión científica, «la
investigación mostrará si estas propiedades protectoras pueden ser
utilizadas para atenuar el riesgo metabólico y cardiovascular».
De hecho, según algunos estudios, la administración de fármacos
antidiabéticos de la familia de las glitazonas contribuye a la
redistribución de la grasa corporal. Ésta cambiaría de ubicación,
situándose donde resulta más beneficiosa. Al fin y al cabo, nuestro
organismo no puede prescindir de este elemento esencial.
Mucho deposito en poco espacio
Ha llegado
la hora de
dejar de demonizar al tejido adiposo. Nos pasamos la vida
abominándolo y se nos olvida que de él depende nuestra supervivencia.
«Si no tuviéramos grasa pesaríamos siete veces más», indica
Fernández-Real. La razón hay que buscarla en que se trata de un
depósito «muy eficiente», apostilla, «ya que almacena mucha energía en
muy poco territorio». La reserva alternativa, el glucógeno (un hidrato
de carbono) precisaría mucho más espacio para satisfacer de forma
adecuada las necesidades energéticas del organismo.
cantidad como su calidad
«Se tiende a ver la grasa como algo malo y no somos conscientes de su
relevancia», señala el endocrino. Su desaparición conlleva importantes
alteraciones. Lo cierto es que resulta «tan importante su cantidad como
su calidad», refiriéndose esta última a la distribución, aclara.
Simplificando, sería como si el tejido adiposo adquiriese mejores
propiedades cuanto más abajo se situase. En el caso de las mujeres,
existe una tendencia natural al acúmulo en torno a las caderas y las
piernas, que se debe a las hormonas femeninas. «Cuando se entra en la
menopausia y desaparecen esas hormonas, el depósito graso se va
haciendo más androide y el riesgo cardiovascular se vuelve muy similar
al de los varones», resume el doctor Salvador.
EXCESO DE PESO
Xavier Formiguera, presidente de la Sociedad Española para el Estudio
de la Obesidad (Seedo), alude a los estudios epidemiológicos en los que
se ha observado que «las mujeres premenopáusicas con un aumento de
grasa gluteofemoral están más protegidas». En esos casos se considera
que «no es necesario perder peso, aunque se les puede ayudar si no les
gusta cómo están».
Efecto cardiovascular es
una cosa, efecto imagen y sobrepeso: otra
Un incremento significativo de kilos localizado sólo en la zona
gluteofemoral no revestiría ningún peligro cardiovascular, si bien
también hay que tener en cuenta, según Formiguera, «la acción
mecánica», que se traduce fundamentalmente en la sobrecarga que tienen
que aguantar la espalda y las rodillas.
No obstante, conviene matizar que, cuando el exceso de peso es acusado,
lo normal es que la grasa sobrante acuda al abdomen, además de a la
parte baja del cuerpo. Y cuando la cintura aumenta, nuestro corazón
empieza a peligrar. Afortunadamente, el tejido adiposo de la 'tripita'
es el que mejor responde cuando emprendemos un plan de adelgazamiento.
En cambio, los muslos y glúteos tienden a ser mucho más resistentes y,
en ocasiones, sólo se reducen con tratamientos más drásticos, como la
liposucción.
Aunque para algunos no resulten muy estéticas, las 'cartucheras'
merecen un respeto. La próxima vez que se mire al espejo, sea más
benevolente con ellas. Constituyen una reserva energética de primera
calidad y, además, limpian de 'porquería' el resto del organismo. Tal
vez va siendo hora de reivindicar con más fuerza el 'tipo pera'. Sofía
Loren y Jennifer López pertenecen a distintas generaciones de artistas,
pero comparten una distribución óptima de la grasa.
MARÍA SÁNCHEZ-MONGE