El tejido adiposo o graso contiene un reloj



Está demostrado que los individuos que duermen poco y mal están más gordos.
Lo mismo puede decirse de quienes ingieren gran parte del aporte calórico diario a horas tardías, así como de los trabajadores por turnos. «Estas personas acumulan más grasa abdominal, tienen triglicéricos elevados, una alta glucosa, diabetes...», señala Marta Garaulet, profesora del Departamento de Fisiología de la Universidad de Murcia. Esta investigadora ha estudiado los mecanismos biológicos que están detrás de la asociación entre los horarios de comida y sueño y la obesidad.

Ya se sabía que el cuerpo humano tiene un reloj central en la zona del cerebro conocida como hipotálamo. Su misión es planificar los horarios del organismo, de forma que todos los procesos que tienen lugar en él estén sincronizados. El equipo al que pertenece Garaulet demostró en 2007 que el tejido adiposo también tiene su propio reloj biológico.


«En 2008 constatamos que estos genes reloj tienen ritmos diarios y ponen en hora otros genes importantes». De ahí que sea «importante lo que se come, pero también cuándo», expone la científica. Por esta razón, ingerir alimentos a deshora o desplazar su consumo hacia la tarde-noche produce «cronodisrupción», es decir, entorpece este sistema regulador y promueve la obesidad.

El año pasado, bajo la dirección de José María Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica de la Universidad de Tufts (Boston, Estados Unidos), Garaulet participó en un estudio que demostró que «los individuos que tienen un polimorfismo [variación] en el gen CLOCK [reloj en inglés] están más gordos, tienen más obesidad abdominal, duermen peor y presentan con mayor frecuencia diabetes y problemas cardiovasculares».

Hasta un 30% de la población porta dicha variante genética. La mejor forma de contrarrestar sus efectos negativos es alimentarse bien, concentrando la mayor parte de calorías entre el desayuno y la comida, respetar los horarios de comida y sueño y procurar dormir, por lo menos, ocho horas diarias.
 
 RAQUEL APARICIO